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Detrás de las condiciones contemporáneas de la arquitectura. Realidades paralelas visibles / invisibles

Behind the contemporary conditions of architecture. Visible / invisible parallel realities

Giovanni Castellanos Garzón

Facultad Ciencias del Hábitat, Programa Arquitectura, Universidad de La Salle. Bogotá (Colombia)

gcastellanos@unisalle.edu.co

Resumen: Este articulo producto de la tesis doctoral en Pensamiento Complejo titulada PARADOJAS VISUALES. Nuevas estéticas en la arquitectura contemporánea en Bogotá, busca hacer evidente cómo el mundo visto desde una realidad exterior, nos lleva a una imagen superficial, por consiguiente, el objetivo es encontrar una visión coherente y consistente que sea capaz de comprender los hechos sobre los cuales la ciencia y la arquitectura dialogan en conjunción con la vida y la armonía. En consecuencia, las obras contemporáneas se tornan en enigmas conceptuales desde diferentes sentidos estéticos y éticos, aunque el juicio negativo o positivo de unas obras basadas en las apariencias y no en los contenidos configuran un nuevo paradigma que aspira al conocimiento mutidimensional, reconociendo al mismo tiempo, cambios en las visiones de la percepción estética al tratar de abordar y explicar la complejidad del mundo de la arquitectura.

Palabras clave: Arquitectura, contemporaneidad, estética, ética, imagen.

Abstract: This article is the product of the doctoral thesis in Complex Thinking entitled VISUAL PARADOXES. New aesthetics in contemporary architecture in Bogotá, seeks to make evident how the world seen from an external reality, leads us to a superficial image, therefore, the objective is to find a coherent and consistent vision that is capable of understanding the facts on which science and architecture dialogue in conjunction with life and harmony. Consequently, contemporary works become conceptual enigmas from different aesthetic and ethical senses, although the negative or positive judgment of works based on appearances and not on content configure a new paradigm that aspires to multi-dimensional knowledge, while recognizing, changes in the visions of aesthetic perception when trying to approach and explain the complexity of the world of architecture.

Keywords: Architecture, contemporaneity, aesthetics, ethics, image.

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1. Introducción

La arquitectura contemporánea se ha establecido como cultura icónica y simbólica, para establecerse como arte de consumo, donde su imagen proyectada o construida se fundamenta en autorreferencias globales sin remitirse a la cultura local, planteando un sin número de estéticas banales elaboradas por sus autores (arquitectos) que tienden hacia el exhibicionismo (mercancía). Ahora los edificios tienen marca, encaminados “[…] hacia el mercado porque ese es el lenguaje primordial de comunicación en nuestra sociedad” (Harvey, 1990, p. 96), una especie de impronta que los identifica, muchos de estos nuevos edificios se proyectan a partir de la imagen; son concebidos para ser fotografiados, y no tanto para ser habitados.

El presente artículo de reflexión acude a varios autores, quienes nos proponen otro tipo de conexión con el mundo, otro modo de conocer(nos), capaz de construir un modo fluido y abierto a los intercambios del devenir entramado del conocimiento, al colocar el propio modo de entender el mundo contemporáneo en un deseo, en un anhelo, es decir, en un desiderátum. En ese sentido el presente artículo analiza la arquitectura como el ambiente simbólico que reconoce e ilustra una cultura, lugar privilegiado donde se pone en evidencia el modo como se piensa el mundo. Por tanto, el observador se vuelve entonces un elemento consciente al reconocerse como productor de lo observado, siendo entonces ahora parte de lo observado y de lo construido.

Desde un enfoque transdisciplinar, se propone un entramado de relaciones que se mueven ambivalentemente, sin causalismos, como dice Christopher Alexander “[…] mi método requiere que nos enfoquemos en la sana realidad interna del sentimiento del observador” (2002, p. 343). En ese sentido, el instinto humano, la experiencia cognoscitiva e intelectual en la que vivenciamos el mundo, es la forma y versión más real en la cual podemos indagar y estudiar la complejidad de la arquitectura, para finalmente llegar a una imagen del mundo que incluye el yo, y que claramente reconoce más allá de los códigos aquí esbozados la naturaleza compleja del arte de la arquitectura (figura 1).

Para organizar los contenidos de forma expositiva, el artículo se divide en tres apartados. En el primero, se distingue la contradicción cambiante entre ética y estética que condiciona la arquitectura contemporánea al sustituir una realidad sin sentido por otra transformada arquitectónicamente.  En el segundo, la relación entre la imagen y el objeto arquitectónico constituirá un reflejo permanente, confrontando su condición efímera, reproductible, manipulable y contingente. Por el contrario, la imagen recoge otro aspecto de la realidad, su cara oculta, su presencia ausente, en ese sentido, la arquitectura contemporánea, hace de su reflejo el paradigma de su imagen, reflejándose, viéndose a sí misma, copiándose, imitándose haciendo de este ensimismamiento su protección y su fuerza. En el tercer apartado, se exponen algunas conclusiones para dejar abierto el debate.

2. La fragilidad arquitectónica contemporánea, contradicción entre ética y estética

Esta reflexión abre camino a reconsiderar tomar nuevamente el arte, ya que ha sido uno de los medios de representación más influyentes en todo el mundo, en lo estético fue muy expresivo, trasmitió todo tipo de sensaciones, en la arquitectura produjo muchos cambios como lo menciona Hegel en su libro Arquitectura “En sus esfuerzos por actuar hacia el exterior y por representar lo exterior, el arte puede desembocar en efectos para los cuales se sirve de lo desagradable, lo forzado, lo colosal” (Hegel, 1981, p. 13), la arquitectura se enfocó a partir del florecimiento del arte a vender su imagen, sin embargo lo que no puede controlar fue la forma obsesionada en que lo hacía, no dándole opciones al observador de poder ver desde diferentes puntos de vista un proyecto arquitectónico si no que se apodero siempre de una vista y esta fue la exterior.

Es interesante ver como Hegel tiene un pensamiento profundo acerca de la arquitectura, al interesarse por un tema poco convencional para la época el cual era cómo el espacio podía hablar a través de la imagen, “nada hay más ajeno al estilo ideal que el deseo de agradar” (1981, p. 10), ese agrado que el manifiesta genera ese impacto por la arquitectura, dando a pensar cómo se podrían hacer proyectos bajo la sencillez de los sentimientos. Desde la modernidad se abolió todo lo que llevara a una tradición, se tuvo una visión reduccionista del mundo, tanto que se olvidó todo lo que la arquitectura significaba, en ello también refuta Hegel “La unidad simple de las grandes masas se ve quebrada, fragmentada en una multiplicidad de detalles particulares y finitos, de modo que el conjunto ofrece un doble aspecto, o más bien dos aspectos tan contradictorios como posible sea” (1981, p. 139), al ver como aquellos sentimientos por la arquitectura se encontraban intactos en cada persona pero sin poder percibirlos en la misma arquitectura, se ve como el mundo se preocupaba más por tener sus ciudades cada vez más desarrolladas sin darle un sentido propio.

¿Qué podría significar un edificio? ¿Más aún que significa para la arquitectura y para las personas que ese edificio exista? Es inquietante ver como se le da relevancia solo aquellos edificios que nos hablan de acontecimientos importantes, “un edificio destinado a revelar un significado general no tiene más finalidad que esa revelación y por tal motivo es símbolo” (Hegel, 1981, p. 41), más aún, donde la imagen del pasado parece ser la evidencia precisa para entender las cosas, siendo que esa información que se recibe se puede interpretar de muchas maneras, hasta el punto de cegar a la humanidad. Sin embargo, “Se ha tratado de desarrollar un pensamiento multidimensional, opuesto al cartesianismo y a las simplificaciones racionalistas, que se fundamente en la construcción de interpretaciones sistémicas y relacionales, mediante la vinculación y la comprobación” (Montaner J. M., 2002, p. 12). La complejidad de la arquitectura y del arte del siglo XX es aglutinado en torno a un punto de vista holístico, que detrás de cada uno de los conceptos formales básicos existe una visión del mundo, una concepción del mundo y una idea definida de sujeto.

Ahora, la tergiversación es pensar que un edificio cualquiera no tiene un significado y más presuponer en que esa forma tiene que tener algún tipo de comprobación para ser aceptaba, quizás para los que tengan algún conocimiento sobre la arquitectura puedan atravesar los grandes muros que impiden ver más allá, de lo que puede significar la arquitectura. Sin lugar a duda la modernidad negó cualquier carga semiótica en sus formas hacia la arquitectura tratando de superponer otras maneras de conocerla a través de su imagen exterior, con ello llega la posmodernidad donde se hace más resaltante aun esa fragmentación del mundo que planteaba Hegel y que de igual manera menciona Jacques Lacan:

Es la condición misma de la condición simbólica y la entidad esencial del orden racional, sin las cuales ninguna ciencia podría constituirse. Gracias a esta notación, la eficiencia de las imágenes, todavía sin relación posible con una unidad de medida, pero provista ya de un signo positivo o negativo, se puede expresar por el equilibrio que aquéllas logran y, de alguna manera, por un método de doble pesada (Escritos I, 2009, p. 97).

La identidad de cada edificio es inauténtica, formada por una mirada de imágenes, fragmentadas y fortuitas.

Por esta razón, los sistemas arquitectónicos contemporáneos ven en la fragmentación un collage desde un punto de vista positivo y negativo, en primer lugar, positivo ya que la fragmentación puede reagruparse como un rompecabezas y de esta manera poder ser totalitario siendo esto riesgoso, en segundo lugar, negativo porque de cierta manera fragmentarse no garantiza que pueda generar una identidad, es más puede perderse. Esto permite pensar como lo dice Montaner: “Cada obra está constituida por palimpsestos sin conexión que se superponen en un universo disperso que ha perdido su centro y su eje” (2008, p. 151), es así como la arquitectura realmente se encuentra desvinculada sin nada que teja los vestigios que va dejando a través del tiempo. En conclusión, es posible pensar que el mundo es un pliegue más que cualquier otra cosa como lo menciona Deleuze “El mundo es infinitamente cavernoso o esponjoso […] es un inmenso origami, se acerca a lo imprevisible y vivo de la naturaleza” (1989, pp. 15-27), en el momento solo se piensa que la ética y la estética aborden las apariencias y las cuestiones sobre cómo debe funcionar la arquitectura, esto se puede confrontar en el análisis de las formas complejas, al brindar el marco de desarrollo de la tendencia actual en la arquitectura, apreciándose formas dinámicas y fluidas logradas a través de la confluencia de fragmentos heterogéneos, ensambles y superposición, sin una lógica clara.

Actualmente es posible ver como hay interés como desinterés en la arquitectura producida por el posmodernismo, y como este da algunas ideas de como las interpretaciones actuales en la arquitectura son erróneas al descalificar tanto el pasado como del presente; en esta confusa condición contemporánea se plantea “una nueva ética para la arquitectura” (Montaner J. M., 2007, p. 102), el edificio transforma el espacio en su lugar; estableciendo el lugar, articula un ethos. Un ejemplo de esta descalificación, se puede evidenciar en la arquitectura vernácula, se piensa que esta arquitectura es cuestión del pasado, aunque no haya conciencia de que también alberga el tiempo presente y por esto se desacredita. Las Matmatas en Túnez como también los Tulou en China por ejemplo son refugios que quedaron en el campo invisible de la arquitectura y de la sociedad, solo queda la exhibición de la apariencia, sus espacios ya no son usados para lo que se destinaron, sin embargo, siguen haciendo parte del tiempo actual. Esta arquitectura es testimonio de la cultura popular, conserva materiales y sistemas constructivos regionales de gran adecuación al medio, por lo que constituye un enorme patrimonio que debe ser protegido y conservado.

El edificio tiene así una función ética. Hoy esta función está amenazada por el compromiso con la objetividad que ha moldeado la modernidad. Si ese compromiso ha traído una nueva libertad, también ha traído una pérdida de lugar. El edificio puede recuperar su función ética sólo cuando aprende a preservar y articular esa tensión. Pero para hacerlo, primero debe abrirse al lenguaje ambiguo del espacio y el lugar, como en el sueño que tiene Heidegger sobre La casa de campo de bosque negro,

[…] a pesar de los tipos de construcción que pueden haber tenido un significado comparable […] hoy en día el pensamiento mismo de la arquitectura como expresión de “los intereses más profundos de la humanidad” y de las verdades espirituales de la más amplia gama” se opone al espíritu de la época, como atribución de una función ética a la arquitectura (Harries, 1997, p. 356).

En Black Forest Farmhouse (Harries, 1997, p. 152), se asimila el tema estético y ético a este edificio, siendo el mismo edificio el que permite apropiarse del lugar y así mismo del entorno natural donde se ubica sus elevaciones en la montaña fueron pensados para soluciones muy sencillas como lo fue la protección contra fuertes corrientes de aire en el que además utiliza la pendiente para su protección, la relación de espacios está pensado dentro del edificio para generar un altar que conecte así mismo el mundo mortal con los divinos, el techo soporta la nieve en tiempos de invierno, quizás lo más llamativo de esta construcción no sea lo moderno ni tampoco lo gran evolucionado, visualmente es una casa de campo cualquiera, sin embargo la forma en que se pensó hacerse fue única con tan solo conceptos humanos fácilmente comparable como se construía en las épocas medievales todo fue intuitivo y acudía a tener una sensibilidad por lo que se hacía.

No obstante a los arquitectos, entre otros, ver en el “pensamiento complejo que aspira al conocimiento multidimensional” (Morín, 1998, p. 23), a la realidad cada vez más discontinua y descentrada, la posibilidad de legitimar la diversidad de interpretaciones tanto éticas como estéticas en el ámbito del proceso creativo, permite el reconocimiento de la diversidad y de la complejidad y de cómo la arquitectura no es solamente de uso privativo de la ciencia, sino que forma parte de nuestra manera de reflexionar sobre el mundo, permite dentro de la función ética de la arquitectura “una revisión de los elementos que aportan valor a la arquitectura, como la ornamentación y la voluntad de atender a la diversidad social, cultural y étnica” (Montaner J. M., 2007, p. 103). Estimaciones que presentan la disputa entre materia y espíritu, la lucha esencial dentro del ser humano y la necesidad de una autoafirmación más compleja de la arquitectura, “Su propósito sigue consistiendo en armonizar el mundo material con la vida humana. Hacer más humana la arquitectura significa hacer mejor arquitectura” (Aalto, 1982, p. 29). Así las construcciones arquitectónicas humanizan el mundo otorgándole una dimensión humana y un horizonte de juicio y significado.

La intención estética como deseo inherente de belleza y de un mundo mejor, se reconectan a una dimensión ética. Karsten Harries considera que la arquitectura consiste en proporcionar el orden y el significado experiencial de un pensamiento no arbitrario de la arquitectura:

La arquitectura ayuda a sustituir una realidad sin sentido pro otra transformada teatral o, mejor aún, arquitectónicamente, realidad transformada, que nos atrapa, y, mientras nos rendimos a ella, nos concede una la ilusión de sentido. […] No podemos vivir en el caos. El caos debe transformarse en cosmos. […] Cuando reducimos la necesidad de cobijo a una necesidad material, perdemos de vista lo que podríamos llamar la función ética de la arquitectura (1993, pp. 47-51).

Destaca la importancia de esta función ética en el arte de la arquitectura; cuando la arquitectura pierde el contacto con esta base mental esencial se transforma en un ejercicio vacío, de técnica y estetización. Considera la condición posmoderna de la arquitectura del siglo XXI un proyecto que ha diluido los valores políticos y comunitarios a causa de su vulnerabilidad, frente a la recuperación de los valores éticos y humanistas.

Sin embargo, para Juhani Pallasmaa, es importante recuperar los valores individuales y sensitivos de la estetización y belleza arquitectónica.

En mi opinión, tanto el idealismo como el optimismo, la justicia y la esperanza están conectados con el deseo y la pasión por la belleza. La belleza y la capacidad de la imaginación también coexisten ya que la experiencia de la belleza nace necesariamente de la fusión de la percepción y el deseo, la realidad y la idealización, la observación y la compasión (2014, p. 144).

Afirma, por tanto, como la imagen tiene dos caras y esa en realidad es la belleza por esa misma sensación que se siente una exaltación en el espíritu y que permite conocer el mundo y su evolución “El papel de la arquitectura no es embellecer la vida, sino reforzar y revelar, su esencia, su belleza y su enigma existencial” (Pallasma, 2014, p. 146).

Siguiendo a Harries, la arquitectura va más allá en un compromiso con nosotros mismos,

[…] es sobre todo en términos de las actividades en las que estamos comprometidos que comprendemos la proximidad y la distancia. Como reconocía la arquitectura humanista, el cuerpo humano proporciona algo así como una medida natural del espacio. La medida de esta medida es la diferencia cualitativa de las direcciones del espacio que habitamos (1997, p. 157).

En esta nueva forma de ver la arquitectura se busca la manera en que las personas pueden retomar ese interés por la arquitectura, viéndola desde su lado más sensible con la naturaleza y como esto puede generar diferentes vivencias sin quedarse siempre con un desinterés por la monotonía o un interés solo por la apariencia, sino que además incorpore un valor propio de cada persona, ahora, “la tarea del arquitecto, también, es prestar atención a ese llamado y dejar que el edificio diseñado sea una respuesta inevitablemente precaria” (Harries, 1997, p. 162). Esto ocurre día a día con la arquitectura, los nuevos proyectos se vuelven tan extraños, no hay un reconocimiento de ella, aunque haya evolucionado gracias a la tecnología o haya permitido abrirse a nuevos mundos, algo si está claro, aún no se sabe lo que la arquitectura o la vida puede ofrecer.

Caminamos entre extraños,[1] “[…] el extraño es alguien que nos importa poco y nos sentimos tentados a que nos importe aún menos” (Bauman, 2009, p. 189), recorremos espacios insólitos sin ningún interés por saber su significado, alimentando en el fondo, nuestra ignorancia. ¿Sera que la ética nos consumirá o, por otro lado, la esteticidad hará lo mismo? y de paso, ¿Consumirá la ética y la estética a las personas y al mundo entero que ha formado? Este tema queda abierto ante dictámenes contradictorios, a la magia de lo intangible y a los requerimientos mensurables de la arquitectura, en una disciplina que depende cada vez más de la creatividad considerando a los edificios activos de inspiración, aun cuando el hombre es perceptivo como visual no se da cuenta que hay cosas importantes en la arquitectura que no se pueden ver, son totalmente efímeras, puede haber tantos cambios en la arquitectura como le sea posible sin embargo estos dependen y exigen una nueva manera de poder comprenderlos.

3. La arquitectura en la encrucijada del nuevo paradigma de la imagen

Las vivencias humanas generadas a partir de comportamientos sociales y desencadenadas por cuestiones políticas, pero ante todo éticas son el proceso por el cual la arquitectura se evidencia, generando consigo el resultado y la muestra viva del pensamiento humano. Deyan Sudjic en ese sentido nos habla de los dilemas y conflictos respecto a edificios diseñados y construidos por la profesión arquitectónica.

La arquitectura, por otra parte, es un tema cargado de auténticos conflictos, y parece haber adquirido una extraordinaria capacidad para hacer que todo tipo de personas se enojen mucho por asuntos que van desde lo más intensamente personal hasta lo más difusamente político. […] En los últimos años, es la arquitectura más que cualquier otro aspecto de la cultura contemporánea que ha tocado los nervios más profundos (Sudjic, 2006).

Sin embargo, ignora los conflictos menos visibles, pero igualmente dramáticos que están involucrados en la creación física de los edificios en primer lugar y la multitud de tensiones que han sido generadas por la evolución de la profesión misma. Cuando estos otros conflictos se acumulan en la parte superior de las controversias públicas sobre las prácticas arquitectónicas, el individuo con su argumento se convierte en un crítico de arquitectura, argumentos sobre como una sociedad entiende su pasado y sus valores; argumentos en los que la arquitectura nunca dejara de incitar la ruptura entre el ser comunitario y el ser individual.

La arquitectura da forma al paisaje de nuestra vida cotidiana en un sentido más amplio del ser en sí, a partir de un señalamiento social que termina generando lo físico y material en una connotación del espacio, como substracción de las imágenes cualificadas a partir de ordenes éticos y políticos del sistema de ordenamiento económico.  Aunque una dialéctica no alienada entre ética y política es posible en el esfuerzo de los individuos, siempre asociados con otros; pero la búsqueda de relaciones no alineadas no puede iniciarse sin la experiencia previa de alineación y sus posibles contradicciones como plantea David Harvey:

La conformación dinámica de las contradicciones cambiantes proporciona gran parte de la energía y del vigor innovador de la evolución conjunta del capital y del capitalismo, y abre una riqueza […] de posibilidades para nuevas iniciativas. Estas son las contradicciones y los espacios en los que está latente la esperanza de una sociedad mejor y de los que pueden surgir nuevas arquitecturas y construcciones alternativas (2014, pp. 215-216).

La ciudad y la arquitectura creada a partir de condiciones sociales, demuestra la influencia de mayor carácter que tienen las relaciones intrapersonales, teniendo en cuenta que las jerarquías sociales y el poder ejercen una especial atracción que da como resultado un efecto en la producción de imágenes bajo la ética y que estimulan la formulación de espacios heterópicos bajo formas radicalmente diferentes de producción, de organización social y de poder político.

La arquitectura es un lenguaje expresivo, capaz de transmitir mensajes muy concretos con fines emocionales y psicológicos, además de ideológicos y prácticos. “Es posible que determinado lenguaje arquitectónico no tenga un significado político concreto, pero eso no implica que la arquitectura carezca del potencial para asumir una función política” (Sudjic, 2010, p. 11). Sin embargo, la actual generación de arquitectos afirma que su obra es autónoma, o neutra de contenido político. En este sentido, Philip Bess argumenta el significado que se le da a las construcciones en los últimos tiempos, como instrumentos de desigualdad, como múltiples proyectos políticos alternativos y como respuesta a sus propias contradicciones. Con esta idea genera una consolidación de argumentos a partir de Aristóteles de acuerdo a la “moral – común” y luego desde Nietzsche bajo la “posición de individualismo”, dos posiciones contrastadas y referenciadas para entender el modernismo y el postmodernismo desde una mirada crítica hacía el resultado físico y vivencial en una dicotomía del pensamiento. Para ello,establece dos puntos de vista rivales de la ética y la arquitectura: El comunitarismo y el emotivismo, a través de la siguiente pregunta: “¿es la arquitectura que expresa la virtud cívica necesaria capaz de inspirar un comportamiento justo?” (Bess, 1996, p. 371), aunque el autor afirma que tal vez no encuentra la relación causa – efecto entre las posibles formas urbanas y el comportamiento humano inspirado sobre las virtudes, es posible que allí se encuentre dicha respuesta que nos hace participes en todo el sentido de los factores de la transformación,  desde esta perspectiva describe;  “Revertir la creciente tendencia hacia el individualismo requerirá ciertamente un cambio fundamental en los valores” (1996, p. 371), ya que el fin principal está en encontrar la mejor vida posible, un bien común.

Al respecto, entre el pensamiento de los filósofos antes nombrados Philip Bess señala en primer lugar que Aristóteles, llama la atención sobre “[…] el énfasis en la necesidad y centralidad de diversas virtudes morales e intelectuales para el logro del bienestar de los seres humanos, su relación con la vida de la ciudad y sus posibles implicaciones formales”, a este pensamiento se le suma la propuesta de Bess quien plantea, “[…] una relación genuina e intrínseca entre la arquitectura y la ética. Los edificios y las ciudades poseen y representan un cierto ethos, o carácter” (1996, p. 374), lo que conlleva a un pensamiento íntimo donde la relación entre ética junto con el comportamiento humano desarrolla un horizonte de correlación entre el ser – lo comunitario y la arquitectura. En segundo lugar, aparece un pensamiento centrado en las ideas del individualismo, Philip Bess hace un enfoque sobre Nietzsche quien cuestiona los supuestos Aristotélicos sobre el bienestar humano, la ciudad, el papel de la razón y la caracterización de la autoridad. “Para Nietzsche, el poder es la categoría irreducible en la comprensión de las relaciones sociales humanas, y la noción de autoridad legítima es, por lo tanto, inherentemente sospechosa”(1996, p. 376), entendiendo así el individualismo desde el punto contrapuesto a la naturaleza de la vida moral del comunitarismo, por consiguiente, Pablo Martínez Becerra explica que “Nietzsche más que fundar una moral individualista centra sus esfuerzos en reforzar y reorganizar la jerarquía, la cual justamente ha de estar encabezada por la figura de sentido del ser superior” (2006, p. 309).

Hoy en gran medida, las personas siguen el condicionamiento y una conducta social, gran parte del pensamiento es manipulación desde un poder arbitrario como lo deduce Nietzsche. El individualismo formula opiniones y conductas ligadas a la emoción, como especulación no razonada de las formas de habitar es pertinente cuando nos enfocamos en la vida contemporánea, áreas políticas y crítica, en la religión, en los diferentes discursos y en el arte. La emoción para el pensamiento moderno es comprender la arquitectura como construcción y la justificación de la nueva arquitectura al contrario se da bajo condiciones de emoción, una creciente tendencia hacia la vida moldeada a factores estéticos desde la superficialidad misma del poder y el capitalismo evidente en el postmodernismo.

Hay cierta ambigüedad de significado y contenido para entender la virtud cívica y el factor político del cual somos parte, se argumenta que, aunque la arquitectura tradicional y el urbanismo pretende reforzar los modos de vida comunitaria es errado decir que ello lo causan y por último tener en cuenta que cada vez son más los emotivistas los que dominan la arquitectura. “Un argumento fundamental del punto de vista Aristotélico/comunitario es que el bienestar humano individual es imposible aparte de los deberes y privilegios que acompañan a una variedad de prácticas, relaciones y roles humanos específicos” (Bess, 1996, p. 374), haciendo alusión sobre que finalmente el interés particular prima sobre el general y que, al encontrar ausencia de jerarquías y variedad de prácticas específicas, el poder olvida tradiciones y restringe la búsqueda de objetivos comunes. Por otro lado, para dar un salto hacia la ética es consecuente la comprensión que se puede hacer sobre la arquitectura como eje formulador de diferentes participaciones humanas en comunidades, las instituciones religiosas y las del estado configuran autoridades morales, jerarquías espaciales y formales que al mismo tiempo desembocan el carácter comportamental de vivencia y arraiga la construcción entendida a partir de la moral en la ética, hábitos cualificados únicamente para el ser humano un ser comunitario.

En un entorno en el que los acuerdos ya no son generados a partir de un consenso comunitario, los diferentes sujetos ofrecen diferentes opiniones y asuntos que en consecuencia no determinan decisiones para el bien común sino para el poder individual, la preservación de su ser y nada más que su ser.

Esto no quiere decir que los individuos son incapaces de ofrecer razones para sus opiniones. Es más bien observar que una sociedad emotivista es aquella en la que no hay consenso sobre un bien común o sobre la naturaleza de la razón en sí misma (Bess, 1996, p. 377).

En esta medida las normas, los códigos de comportamiento cambian y están dirigidos a fundar condicionantes de tipo ordenativo y reduccionista, olvidando el verdadero sentido de las manifestaciones arquitectónicas bajo preocupaciones e ideales humanos.

Dicho movimiento pretende respaldar el enfoque aristotélico, representado en modos de vidas diferentes pero articulados a prácticas comunitarias, a partir de los siguientes argumentos:

1) las implicaciones formales e intelectuales que se derivan de una cuidadosa consideración de la naturaleza de diversas prácticas humanas; 2) las virtudes de carácter necesarias para que los individuos puedan realizar los bienes internos a tales prácticas; 3) la ciudad como una colección de prácticas conducentes a la mejor vida para los seres humanos; y 4) la arquitectura como un símbolo de la autoridad legítima en la ciudad (Bess, 1996, p. 379).

La preocupación actual, es la perdida de los niveles de desarrollo por el cual la arquitectura dimensiona los diferentes argumentos desde una mirada comunitaria / individualista, pero más allá de cualquier tipo de orden, la búsqueda está en la brecha entre ciudad y arquitectura a nivel de desarrollo, donde el producto de esta deliberación comunitaria considerar la arquitectura como arte cívico, en contraposición a las teorías individualistas de la arquitectura como arte autónomo.

El compromiso en consecuencia sería observar las formas para corresponder hacia el verdadero sentido humano y no solo a una fachada con cualidades manipuladas en cuanto a la estética y la superficialidad con la que se pueda tratar la disposición de espacios. En este sentido, podemos preguntar: ¿Es la arquitectura un arte o un servicio?, Dane Ghirardo (1996) reconoce que en el ámbito económico la arquitectura tiene un afán por construir llamativos y costosos proyectos, sin embargo, estos edificios no proporcionan el avance continuo en como los seres humanos ocupan el mundo. Esta tergiversación intencionada desde la arquitectura manipula deliberadamente al usuario cotidiano, como mecanismo de lealtad ya no hacia la disciplina, sino hacia la elite controladora, Kenneth G. Masden y Nikos A. Salingaros al respecto nos dicen:

Este engaño, que ha caído sobre el mundo moderno del diseño, tiene en su núcleo una ideología autovalidante de superficialidad (es decir, basada en imágenes) y pseudo-intelectualismo. Creemos que este modelo de diseño es ininteligible, insostenible, inescrupuloso e inconveniente. También creemos que, con el tiempo, este proceso artificial finalmente alcanzará su propio límite (no) natural. Nuestra preocupación es lo que podría ocurrir en el vacío creado cuando el actual sistema de creencias colapsa de su propia irrelevancia(Masden & Salingaros, 2014, p. 188).

Lo subjetivo de lo estético finalmente, aunque determinante en el valor de la arquitectura se reduce a un juicio arbitrario, el gusto. Dependiendo de lo particular e individual, aquí es donde el sentimiento se posiciona sobre la arquitectura en todas sus formas, Christopher Alexander alude desde su punto de vista a que “[…] el núcleo de la arquitectura depende del sentimiento sobre ella” en (Ghirardo, 1996, p. 389), sugiriendo aún más con especificidad que la labor del arquitecto es la búsqueda de la armonía, incluyendo la comodidad y el confort físico y emocional.

Si bien no hay duda de que el entrono construido es fundamental para el logro y el bienestar humano, en la contemporaneidad no se resuelve este principio que caracterizaría el sentido de la arquitectura. 

La arquitectura contemporánea es, en el mejor de los casos, un lenguaje esotérico, enmarcado dentro de un argumento autoperpetuante que se desarrolla en una ideología que se asienta sobre la razón y el propósito racional. En el centro de su argumento está la apropiación de todas las ideas e información a través de un paradigma estético subversivo (Masden & Salingaros, 2014, p. 190).

Se evidencian imágenes poco armoniosas, se expone la estructura de poder de la élite detrás de los proyectos de arquitectura, un artefacto consumible que obtiene el reconocimiento y el prestigio de una sociedad minoritaria sin poder. Al hacerlo, esta actividad de manera irrevocable afecta el medio ambiente y disminuye notablemente el compromiso humano con el mundo hecho por el hombre.

La arquitectura se percibe como arte o como servicio dependiendo de un conflicto social entre clases e ideas competidoras, la estética y lo formal. Los elementos formales evocan un estilo y armonía trivial puesto que es la máscara que persuade el fondo trascendental del interés (poder e identidad) se olvida de lo social y es subjetivo e ingenuo se suele hacer una crítica apreciativa a partir de la moda y el gusto, “Sólo cuando arquitectos, críticos e historiadores acepten la responsabilidad en todos los sentidos nos acercaremos a la arquitectura de sustancia” (Ghirardo, 1996, p. 390), finalmente caracterizamos la arquitectura dentro de una maleabilidad evasiva correlacionada con lo económico y las políticas[2].

El propósito principal de la arquitectura y los seres humanos es “morar”[3], a ello hace referencia Karsten Harries (1996), en una posición similar a la de Bess (1996) en cuanto a la fenomenología y la autonomía al reintroducir el Ethos a la función de la arquitectura, porque vincula la relación ética con el morar, en contraste con las condiciones contemporáneas donde se evidencia una vida insignificante, dado que por cuestiones de la escala macro en términos de distancia se olvida la participación que sucede a escala humana. Ahora bien, en la actualidad se observa que la ciencia y la tecnología han generado una nueva libertad al transformar y homogeneizar el sentido del espacio, sin embargo, es esta libertad la que enfatiza el desarraigo por el lugar, la que pone al hombre desorientado en el espacio infinito, en una vida sin sentido, desligándolo del habitar, del encuentro con diferentes seres humanos para comportarse bajo la ética y las relaciones que se puedan dar cuando se habita en conjunto.

El sentido de “morar” para la arquitectura consiste, por tanto, en considerar que el construir no es un producto del simple hacer (producir) sino del morar mismo, pues como señala Heidegger, “la esencia del construir es el dejar morar”, ya que “solo si somos capaces de morar podemos construir” (Heidegger, 2015, p. 78), lo que remite a lograr una óptima calidad de vida y que la reconciliación entre tecnología y arte haga de la arquitectura un elemento productivo en la transformación de la realidad. En la actualidad, se observa que la arquitectura gracias a la tecnología se convierte en maquinaria como condición de la futura liberación del hombre, “máquinas de reproducción más que de producción, y presentan a nuestra capacidad de representación estética exigencias diferentes de la idolatría, más o menos miméticas” (Jameson, 1991, p. 83), máquina estética reproductiva de imágenes futuras como apoteosis del capitalismo.

En tiempos de desvalorización de la habitabilidad y de la uniformidad de las formas de vivir es preciso tener en cuenta nuevos estándares para la ética profesional. William McDonough (1996), fomenta nuevos estándares y los posibilita en favor de la naturaleza y de lo humano y su impacto en el mundo, hace un énfasis acercamiento al sentido del diseño sostenible, puesto que algunos capitalistas y funcionarios inducen a desconocer a la naturaleza y a tenerla en cuenta solo a largo plazo, aunque como nos dice McDonough “[…] llegamos a la paz con nuestro lugar en el mundo natural” (1996, p. 398). La ética incluye otras especies y el cuidado de las futuras generacionales, el papel del arquitecto es el liderazgo por el desarrollo, crear soluciones mediante la evaluación para llevar a cabo un resultado hacia la prosperidad, productividad y la calidad de vida, por ello su correlación con el sentido de morar como señala Heidegger.

Finalmente es importante proponer, un sistema extraordinariamente complejo y eficiente para la creación en donde se entienda el papel del arquitecto que es dar solución a exigencias humanas, pero ante todo ligadas a la ley natural, que responda a las necesidades y no a la mutilación de los principios naturales. Entender como humanos que estamos relacionados a una posición ética inter-especies donde el diseño, la ecología, la realización de las cosas deben proporcionar un modelo de acción, no de dominación, que nos debe llevar hacia la compresión de un mundo en constante evolución, pero en el que se inscribe la adaptación del coexistir entre el humano y la naturaleza.

4. Conclusiones

El instinto humano, la experiencia cognoscitiva e intelectual en la que vivenciamos el mundo, es la forma y versión más real en la cual podemos indagar y estudiar la complejidad de la arquitectura, llegar entonces a una imagen del mundo que incluye el yo, y que claramente reconoce la naturaleza personal del universo. La arquitectura deja ver algo más allá de los códigos aquí esbozados, habla de la sociedad en la que vive y la somete a crítica. Aceptar que estos hechos que deben ser explicados no desaparecen y no serán suficientes cuando se construye una arquitectura viviente y se piensa una arquitectura para la vida.

La arquitectura hoy da señales legibles –e ilegibles- de hasta qué punto, en este mundo de intriga, en medio de esta bruma, todo puede estar relacionado. La radicalidad de la crisis de nuestro siglo como problema de la arquitectura, la radicalidad de la crisis de la humanidad, establece un proceso recursivo en el que la arquitectura ha dejado de ser arquitectura para convertirse ahora en un continuum icónico. La adopción del concepto de imagen como fundamento y nuevo parámetro de construcción figurativa, así como la ilimitada producción y mercantilización de las imágenes en la cultura contemporánea ha relegado el concepto de imagen a una forma superficial, estilizada y efímera de representación artística y de comunicación visual.

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[1] “Significa precisamente nuestra sensación de estar perdidos, de no saber cómo actuar y qué esperar, con la consiguiente falta de disposición a comprometernos” (Bauman, 2009, p. 166).

[2] La construcción de proyectos de autor activa plusvalías económicas y simbólicas estratégicas en materia de legitimidad política. El discurso del proyectista permite simular las operaciones inmobiliarias promovidas desde la gestión urbana empresarial que dirige el desarrollo de la ciudad. De manera simultánea, el fundamento de la crítica arquitectónica determinado por la experimentación del lenguaje de representación, concibe el conflicto social como una anomalía a ser reformada bajo la rigurosidad geométrica y la arbitrariedad creativa.

[3] La relación del hombre con el espacio consiste en un morar esencialmente pensado (comprendido) y en un vivenciar resuelto en lo habitado.

Infraestructuras leves: Un Manifiesto como Plan de Juego

Light Infrastructures: A Game-Plan Manifesto

Sebastián Trujillo Torres
Universidad Nacional de Colombia (Colombia)

sebastian.trujillo.torres@gmail.com

Resumen: Este ensayo explora una serie de principios operativos aplicables a la práctica del diseño e investigación del ambiente construido en el Sur Global. Un plan de juego para reflexionar y actuar sobre las infraestructuras urbanas, contribuyendo a agendas disciplinares con el fin de para abarcar campos de intervención mas amplios. Para esto, se investigan las condiciones políticas y poéticas embebidas en las construcciones infraestructurales, enmarcándolas como una serie de medios sociales, políticos y tecnológicos dispuestos a la reapropiación y potencialización, en vista de agendas de solidaridad y justicia social. A través de este sondeo, se propone la estrategia del ‘espacio leve’ como una manera de integrar métodos no-violentos que posibiliten la factibilidad de ecologías económicas y biológicas más sostenibles. En sí, se constituye como un manifiesto práctico para “cambiar el mundo sin tomarse el poder” en contextos de informalidad.

Palabras clave: Infraestructura, levedad, manifiesto, plan de juego, política, poética, violencia estructural, espacio leve, infraestructuras leves, estrategias, no-violencia, informalidad, estado de excepción, experimentación, invención, solidaridad activa, arquitectura, diseño urbano, diseño-investigación, ad-hoc, equidad, justicia social, espacio suelto, negociación, poder, desarrollo, decrecimiento, libertad.

Abstract: This essay explores a series of principles applicable to the practice of design-research in the built environment of the Global South. A game-plan to reflect and act upon urban infrastructures, contributing to disciplinary agendas in order to cover broader fields of intervention. For this, the political and poetic conditions embedded in infrastructures are investigated, framing them as a series of social, political and technological means to be re-appropriated and potentiated, in view of solidarity and social justice agendas. Through this survey, the ‘light space’ strategy is proposed as a way to integrate non-violent methods that enable more sustainable economic and biological ecologies. In itself, it constitutes a practical manifesto to “change the world without taking power” in contexts of informality.

Keywords: Infrastructure, lightness, manifesto, game-plan, politics, poetics, structural violence, light space, light infrastructures, strategies, non-violence, informality, state of exception, experimentation, invention, active solidarity, architecture, urban design, design-research, ad-hoc, equity, social justice, loose space, negotiation, power, development, degrowth, freedom.

* * * * *

1. Manifiesto como plan de juego

La infraestructura es una condición fundamental en la vida urbana, embebida en una implícita disparidad.

Entrar al baño, encender la luz, tomar una ducha. Revisar el pronóstico climático en línea para luego hacer una llamada, salir a la calle y tomar un bus. Lo aparentemente simple, trivial e incluso frívolo, es facilitado casi imperceptiblemente por complejos y diversos sistemas infraestructurales que, sin embargo, no se manifiestan en homogeneidad territorial: de lo más íntimo a lo más público, la infraestructura se consolida no como materia inerte, sino como un instrumento facilitador de procesos políticos y sociales claramente proporcionales a la agencia[1] individual.

La infraestructura posibilita la capacidad de acción del individuo o las comunidades, al tiempo que está usualmente predeterminada por diversidad de sesgos y agendas provenientes de estructuras gubernamentales. La infraestructura también es movimiento e intercambio de recursos, los cuales a su vez se relacionan con parámetros de vivencia esenciales al circunscribir el estatus socioeconómico, la relación con el estado e incluso la integridad corporal y psicológica. Por lo tanto, imaginar la vida en ausencia o precariedad infraestructural, implica empatizar con un asunto esencial que compromete la experiencia histórica de una parte importante de la población urbana del mundo.

Una de las principales preguntas de este ensayo es el cómo reimaginar y potenciar estas circunstancias reconocibles de disparidad, como el motor operativo de un eventual proyecto disciplinar, esto es, un proyecto de diseño-investigación[2] delineado a través del motor de la solidaridad: la construcción de infraestructuras leves. Se trata de reimaginar estos sistemas de suministro desde otra estructura de poder: desligados de la rigidez institucional y burocrática, pero siempre en un espacio de diálogo y negociación, permitiendo así reconstruir el territorio dentro de reconocibles contingencias sociales y como camino posible a la experimentación y necesariamente, a la razonada invención. Una oportunidad, por cierto, de generar operaciones de desarrollo urbano alternas, que logren sobrepasar las condiciones tácitas de violencia estructural, es decir, de exclusión social sistemática y estructural por parte del estado.

Este es un proyecto de sostenibilidad. Sin embargo, una sostenibilidad entendida no exclusivamente como reconstitución o protección directa de condiciones biológicas o ambientales, sino más bien, como el inicio de transformaciones sistémicas que harían más accesible la intervención sobre estos factores ecológicos. Las infraestructuras leves constituyen una estrategia de transición para el mejoramiento del medio ambiente, al permitir alternativas organizativas que repercutan en oportunidades económicas inexploradas y no depredadoras, que eventualmente pueden retroalimentar en códigos más equitativos, geopolíticas justas y ecologías sinérgicas.

Es este, un manifiesto que funciona como un plan de juego. Una serie de principios tácticos y estratégicos, que puedan desencadenar no solo un conjunto específico de acciones e intervenciones, sino también, desplegar una serie de pautas de desarrollo infraestructural que operen como índice positivo dinamizador de mayor equidad. Un manifiesto ad-hoc, además, como conjunto de principios inventivos diseñados para este propósito específico, trabajando desde las entrañas disciplinares del diseño urbanístico y arquitectónico. Principios creativos construidos, no como un imaginario utópico, sino como un plan operativo que parte de la pequeña escala, alineado con aspiraciones transformadoras de gran escala: un plan de juego.

Tomando las palabras de John Holloway, las infraestructuras leves podrían ser una forma de «cambiar el mundo sin tomarse el poder» (Holloway, 2002); actuando desde las posibilidades y limitaciones propias de la arquitectura, el diseño urbano y disciplinas afines. La búsqueda de un presente aspiracional de mayor equilibrio y proporcionalidad en las estructuras actuales de poder.

2. La infraestructura es intrínsecamente política

La infraestructura se define generalmente como un conjunto de sistemas que soportan operativamente la ciudad. Una serie de redes interrelacionadas que proporcionan diferentes recursos o servicios y que se manifiestan mediante construcciones sobrehumanas definidas por técnicos o especialistas presuntamente «objetivos».

Aunque un tropo legítimo, esta definición es algo limitante.

Por otro lado, «Infrastructural Lives» (Graham & McFarlane, 2015) explora una comprensión más amplia de la infraestructura, a través de una serie de ensayos que emplean una lente micropolítica y, por lo tanto, se nutren de múltiples experiencias cotidianas a nivel ciudadano. Así, más que un sistema, red o estructura claramente definible, ellos proponen una visión de Infraestructura como un complejo conjunto de procesos sociales, materiales y tecnológicos, que están en constante transformación al ser el podio de las pugnas del poder político y de las incertidumbres económicas que modelan y polarizan nuestras ciudades. Bajo esta mirada, se examinan estos procesos desde la perspectiva de la «oferta», exhibiendo así el papel social que tienen las infraestructuras como mediadoras entre instancias de ciudadanía, mecanismos de control e incluso, como foco relevante de experimentación en iniciativas contra el cambio climático y en aras de la justicia social. Las infraestructuras, concebidas de esta manera, se enmarcan entonces como mecanismos sensibles al contexto, y que están cada vez más condicionadas por la participación y las expectativas de sus usuarios, esto es, por nosotros mismos.

En “The Politics and Poetics of Infrastructure” (Larkin, 2013) Brian Larkin argumenta que, aparte de ser «materia que permite el movimiento de otra materia» (Larkin, 2013, p. 329), la infraestructura tiene una condición ontológica particular que nos obliga a teorizarla como tecnología. Como tal, nos impulsa a pensar en ella como algo que media intercambios e interacciones y por lo tanto, predispone a ciertas relaciones de poder que son implícitamente diferenciales. Además, agrega que estas «tecno-políticas» tienen la singularidad de incorporar diversos propósitos más allá de los objetivos pragmáticos, explícitos y funcionales que aparentemente caracterizan estas construcciones. Propósitos posibles de ser reafirmados mediante la liberación de componentes simbólicos asimilables a las prácticas estéticas. Por tanto, la infraestructura contrae una constitución poética: deseos y promesas que se reiteran a través de la manipulación intencional de condiciones formales, las cuales a su vez se utilizan para promover agendas políticas más amplias.

Ahora, una de las reflexiones adicionales que pueden surgir de todo esto, es cómo las infraestructuras se encuentran paradójicamente asimiladas como un asunto limitado exclusivamente a expertos especializados, burócratas y administradores, mientras que diseñadores y ciudadanos tienden a ser excluidos de los discursos e implicaciones que estas conllevan. Una exclusión por intención, omisión o incluso elección propia: funciona en ambos sentidos. A pesar de ser una parte integral del paisaje urbano que a su vez incorpora marcos políticos y poéticos, las infraestructuras son algo que a menudo pasan desapercibidas para aquellos que supuestamente están a cargo de pensar y actuar en nuestros espacios cotidianos compartidos. Los diseñadores están ausentes. Peor aún, nosotros, como ciudadanos, tenemos muy poca agencia para actuar dentro de estas condiciones dado que el monopolio estatal sobre las infraestructuras es algo absolutamente naturalizado, especialmente en contextos del sur global, tal como acontece en India o en Colombia.

De esa manera, aparte de circunstancias de activismo comunitario, las infraestructuras tienden a ser concebidas como un conjunto de procesos crípticos y aislados, delimitados a una élite decisoria formada por sistemas de supuesta meritocracia. La infraestructura en ese sentido, tiende a emerger en la esfera pública en la medida en que esté premeditadamente alineada con agendas gubernamentales o demagógicas. Tal como lo describe Partha Chatterjee en «The Politics of the Governed » (Chatterjee, 2004), somos vistos como poblaciones en lugar de ciudadanos: la infraestructura se adopta como una estrategia instrumental para movilizar a «bancos de votación» bajo la promesa de derechos, los cuales finalmente suelen ser negados se niegan para privilegiar o preservar derechos de propiedad y la perpetuación de un orden establecido.

La situación inversa, sin embargo, puede tener lugar. Las ‘poblaciones’ a menudo parecen entender su poder y valor como bancos de votación y, por lo tanto, pueden reclamar el acceso a infraestructuras a cambio de lealtades de voto: las poblaciones también pueden llegar a utilizar las estructuras de poder existentes a su favor con el fin de a transformar positivamente el entorno construido. Sin embargo, esta relación suele estar mediada por mecanismos operacionales restrictivos, condicionados por una notable carga de centralización que tiende a coartar la agencia ciudadana y comunitaria, mediante el empleo de esquemas burocráticos redundantes.

Esto, evidentemente, es claramente problemático. No solo porque la infraestructura es en sí misma el escenario para la democracia (el lugar donde lo público y lo compartido adquieren un contundente valor político) sino porque al mismo tiempo, constituye la salvaguardia de la individualidad. Infraestructura es sinónimo de lo público, pero simultáneamente, como categoría pertenece también a algo extremadamente privado e íntimo. De los tribunales a nuestros sanitarios.

De esta manera, desde el diseño urbano al industrial -pasando por cualquier escala arquitectónica- la incidencia infraestructural es constante e insondable. Inevitable, no solo desde una perspectiva operativa, sino incluso desde un nivel simbólico, ya que la infraestructura puede ser representativa del funcionamiento de una cultura: mientras que su ausencia o deterioro puede ser un signo de sociedades disfuncionales, en otros casos, puede ser evidencia de resiliencia e ingeniosidad[3].

Asimismo, es evidente que parte de la disociación de las disciplinas de diseño frente a estos temas infraestructurales, tiene que ver tanto con el monopolio estatal -en la construcción, planificación y mantenimiento de infraestructuras- como con el valor del diseño en sí mismo dentro de contextos tales como los del Sur Global. Esto, precisamente, implica una necesaria reconsideración del papel de los(as) diseñadores(as) y su eventual consolidación como agentes de cambio en la sociedad: ¿nos hemos convertido en embellecedores del crecimiento capitalista y la disfunción estatal, o tenemos alguna agencia política?

Estamos convencidos que este monopolio debe romperse, de la misma manera que el diseño debe revalorizarse. Lo primero, implica una recuperación de la ciudadanía por fuera de canales pre-condicionados, la reinvención de la colaboración política y la fabricación de nuevas dinámicas organizacionales, mientras que lo segundo implica rediseñar nuestras prácticas como motores fundamentales para lograr esos cambios. De esa manera, si bien esto implica legitimar el diseño como una práctica que no necesariamente se orienta a través de lógicas de rendimiento y consumo, también implica la ampliación de los alcances del diseño. Una expansión hacia la conciencia y la agencia sistémicas, capaces de transformar las lógicas predominantes de producción infraestructural (basadas exclusivamente en la rentabilidad político-financiera de ciertos sectores) y hacerlas obsoletas, al exponer sus insuficiencias y limitaciones. Dado el carácter fundamental de las infraestructuras y la amplitud y potencialidad de las competencias de diseño, la sinergia entre ellas puede prosperar en nuestras actuales necesidades políticas de cambio.

El diseño no solo necesita una nueva agenda; necesita un nuevo valor. La infraestructura acciona en ambos vectores.

3. Del crimen sin criminal, a la reapropiación y potencialización de un medio

Se ha dicho aquí que la infraestructura tiene una condición intrínsecamente política. Sabemos que funciona como un mediador de relaciones de poder entre grupos o individuos, restringiendo o facilitando la vida cotidiana de las mayorías. La pregunta que queda entonces, es hasta qué punto puede usarse como una herramienta para la solidaridad activa o, por otro lado, como vehículo para la violencia estructural. Ahora, antes de discutir qué es la solidaridad (y por qué es relevante) quizás sería apropiado mapear brevemente el contexto al que responde la solidaridad; en este caso, la violencia estructural y su manifestación como infraestructura.

Aunque la violencia estructural es un término bastante amplio, Akhil Gupta lo define con mucha precisión en » Red Tape: Bureaucracy, Structural Violence, and Poverty in India» (Gupta, 2012). Gupta afirma que la violencia estructural no es solo un fenómeno de exclusión circunstancial o una prohibición implícita de acceso a recursos específicos (es decir, agua, electricidad, alimentos, etc.) sino una supresión sistemática de la capacidad para adquirir diferentes formas de reconocimiento institucional y derechos legales. Factores que definen la condición de ciudadanía en sí misma: entre estos, podríamos destacar la infraestructura. Ésta, emerge como parte del contrato social entre un órgano rector y los gobernados, la cual se utiliza -en muchos casos- para operar como un medio para la privación de derechos fundamentales.

La forma más elemental de violencia estructural, se produce cuando se le impide a alguien desarrollar sus capacidades al máximo potencial; un proceso en el que generalmente es bastante difícil identificar a un agente responsable. La violencia estructural es impersonal. Está incrustada en estructuras de poder institucional y compuesta por lineamientos abstractos e inmutables. Crimen sin criminal. En ese sentido, las infraestructuras pueden entenderse como un medio que puede manifestar prácticas de violencia anónima, ya sea por su ausencia inexplicable o por su diseño precario y deficiente. Secuelas esperadas, dada la producción de arbitrariedad burocrática o administrativa involucradas en las prácticas de gestión usualmente detectadas en nuestras instituciones gubernamentales. De forma silenciosa y extensa, las infraestructuras desempeñan un papel muy importante como agente biopolítico muy asimilable a condiciones de exclusión sistémica.

No hay sorpresas hasta ahora.

Sin embargo, surgen dos preguntas interesantes que podrían permitirnos reafirmar nuestra agencia en el asunto. Por un lado, ¿es posible apropiarse y reorientar los procesos de construcción y planificación infraestructural, en los casos que evidencien claras condiciones de violencia estructural? Y, por otro lado, ¿cómo potenciar la función política y social que posee este medio, de modo que se pueda desencadenar un impulso de cambios positivos en el entorno urbano, más allá de las convencionales pautas mono-funcionales?

Aquí es donde entra a jugar la solidaridad.

En un artículo reciente de un grupo de investigación de la Universidad de Purdue (Einwohner et al., 2019), la solidaridad se define como una forma de contrarrestar las ecuaciones de poder desiguales, mientras abre espacios para que agencias marginalizadas participen en procesos de toma de decisiones. Esto, evidentemente, exige desmantelar sistemas de privilegio desproporcionados, al tiempo que coordina la conexión entre grupos marginalizados, y promueve la acción dentro de la ciudadanía regular para lograr objetivos comunes más amplios. Así, «solidaridad activa» se define -de manera muy interesante- como un conjunto de acciones coordinadas, dedicadas a la deconstrucción de prácticas de marginalización con un lente interseccional, por medio de la manufactura de escenarios sociales alternativos.

La infraestructura de la solidaridad activa -en contraste con la de la violencia estructural- es precisamente la que abre espacios para la oportunidad política. La capacidad de participar, decidir y actuar colectivamente en una agenda aliada e interseccional. Es la capacidad de magnificar la agencia de las geografías sociales olvidadas.

De este modo, estas interpelaciones son relevantes dentro de territorios muy específicos. Territorios marginalizados. Geografías en las que no solo la informalidad es una estructura subyacente, sino también la ausencia o negligencia del Estado ha fomentado la aparición de sistemas de autogestión, que con frecuencia permiten el surgimiento de otras estructuras de democracia contingente. Por lo tanto, vale la pena enfatizar que la posibilidad de reapropiación y potenciación de estos procesos de construcción de ciudad a través de la acción directa, la colaboración ciudadana y el activismo comunitario, es no solo un proyecto legítimo, sino necesario.

La reutilización de este medio, es decir, la infraestructura, es de hecho una agenda imprescindible[4]. Una rearticulación destinada a ser utilizada con flexibilidad, bajo lógicas de conciliación y progreso sensible. Una ambición proyectiva basada en la estrategia de la levedad; estructuras no agobiadas por los pesos de la burocracia, las agendas políticas centralizadas y las secuelas consecuentes de su ethos violento.

4. La estrategia del espacio leve, como la fuerza de la no-violencia.

Karen A. Franck y Quentin Stevens proponen la idea de «loose spaces» a través de un interesante conjunto de ensayos publicados en 2007 (Fanck & Stevens, 2007).

Partiendo de la misma tradición intelectual que Henri Lefebvre[5], Franck y Stevens teorizan el espacio como un fenómeno social y no como algo exclusivamente definido por condiciones formales o materiales. El «espacio suelto», en ese sentido, se describe como un fenómeno de apropiación sin delimitaciones a través de categorías absolutas: en términos de función, composición y temporalidad, no se forja dentro de definiciones rígidas e inmutables, sino más bien, a través de nociones de funcionamiento ‘sueltas’. Un espacio predispuesto al evolucionar, adaptarse y transformarse por y para diversas circunstancias. Además, es en sí mismo el espacio de la hibridación, ya que constantemente amalgama diferentes condiciones de uso: es polifuncional en el sentido más amplio, lo que significa que opera desde una perspectiva descentralizada al tener vínculos débiles con formas de organización estática, o explícitamente consolidadas. Su orden no es definitivo o claro y sus mecanismos de control, imprecisos.

Ahora, la idea de ‘espacio suelto’ puede llevarse un paso más allá.

Además de pensar este proceso de producción espacial únicamente como una cuestión de posición relativa a otra cosa (es decir, estar desprendido de un establecimiento normativo), también podría entenderse en términos de su peso relativo, o incluso, de su relativa presencia. Permanencia relativa. Puede ser no solo el hecho de que un espacio no pueda ser categorizado dentro de categorías funcionales y reguladoras, sino que puede proporcionar utilizaciones significativas por medio de un uso de recursos -y consumo de energía- mínimos. De una levedad tal, que pueda ser fácilmente intervenido y transfigurado, y que pueda incluso fácilmente dejar de existir en la medida que ello sea necesario.

La ligereza como estado de adaptabilidad y sostenibilidad, también es una estrategia de diseño.

Bajo esta lógica, una biblioteca puede ser un dispositivo de transporte y un espacio de juego, sin siquiera edificar sus cimientos. Una unidad de purificación de agua puede ser un espacio pedagógico y un lugar de reunión comunitaria, en una ubicuidad que le permita situarse en varias locaciones durante el día. Se puede asimismo abordar necesidades infraestructurales, mientras se trabaja con las capacidades mínimas de un desarrollo material. Reducción radical de la huella de intervención, por medio de mediaciones aparentemente intrascendentes, al tiempo que se proporcionan requerimientos fundamentales para la vida urbana.

Un aparente oxímoron.

Metodológicamente, tal vez resulte entonces más cercano al carácter del juego: diseñar ‘levemente’, presupone una actitud desafiante pero estratégica, ya que confronta el peso de la monumentalidad, la carga de la ortodoxia y el conflicto de la contaminación material, respondiendo a ello con réplicas mínimas, frugales y silenciosas. La ‘levedad’ se basa en la burla y el humor, siendo ingenioso y rápido a través de objeciones imprevistas. En apariencia un juego de azar, pero subversivamente una operación de planificación silenciosa. Una práctica de negociación, en la que el diálogo y el aprendizaje, incluso las palabras en sí mismas, se convierten en materiales de construcción.

En esa medida, podríamos asociar la estrategia del espacio leve, con algunos de los argumentos que Judith Butler utiliza en «The Force of Nonviolence» (Butler, 2020). Esta investigación ética y de filosofía política contemporánea, explora la relevancia de la no-violencia como instrumento de experimentación política, estrategia que se opone radicalmente al ímpetu destructivo neoliberal al propiciar resistencia a sus condiciones constitutivas. Se trata en otras palabras, de propiciar resistencia al individualismo corrosivo, a nociones de subvaloración de la vida en base a «fantasmas» identitarios, así como a construcciones estructurales que legitiman la violencia administrativa del sistema. Asimismo, lo relevante para nuestra agenda de diseño, es cómo Butler enmarca la no-violencia no como un ejercicio pasivo, introspectivo y solitario, sino como un proyecto colectivo, enérgico y vigoroso. Una proyección estratégica que se opone contundentemente a procesos de destrucción y muerte, casi como una barrera física que impide que la violencia hiera a aquellos cuyas vidas no son «lamentables» (o sea, que no merezcan duelo). A lo mejor una labor de diseño, que implica la elaboración de un vocabulario espacial por fuera de los ‘pesados’ modismos institucionales, con la fuerte capacidad de resistir olas de violencia estructural. Un vocabulario de robusta levedad.

La estrategia del espacio leve, entonces, puede considerarse como un instrumento útil para examinar intuitivamente, probar y descubrir prácticas espaciales ejecutadas en paralelo al proyecto de la no-violencia. Un experimento de aprendizaje en interacción: una construcción colectiva que opera por fuera del establecimiento de la violencia. Un experimento político-espacial.

5. La informalidad como estado de excepción: una negociación experimental

Según Aaron Betsky (Manuel Gausa, 2008), la arquitectura experimental presupone lo inusual.

Lo «experimental» no se da por sentado, sino que se hace evidente; es un participante explícito en los procesos políticos de la cotidianidad, ya que irrumpe y transforma su contexto. Busca resolver problemas de manera diferente a lo condicionado: tiende a ser contraintuitivo. Aunque si bien puede -hasta cierto punto- estar predispuesta al fracaso hasta cierto punto (ya que no hay garantía de resultados específicos), el riesgo en sí mismo que ello implica es esencial, ya que puede dar paso a transformaciones radicales.

Hacer preguntas difíciles (experimentar) es un riesgo indispensable.

Por otro lado, podríamos complementar esto con la noción de experimentación de Teddy Cruz (Cruz, 2013) o más bien, lo que él llama «experimentación responsable». Cruz argumenta que el contexto de la experimentación en sí mismo necesita ser repensado, dado que en nuestras disciplinas este proceso generalmente se ubica en los ámbitos de la forma y la hiper-estética. Esta sobresaturación formal en nuestras disciplinas -donde la capacidad de experimentar se equipara a condiciones de opulencia y ostentación- es problemática, ya que generalmente opera en territorios de privilegio extremo. Tiende a ser el nuevo traje del emperador. Cruz desafía esto, al afirmar que en realidad es desde los márgenes del poder -desde el ámbito de lo informal- que están surgiendo los nuevos paradigmas de diseño e investigación. En consecuencia, la experimentación está evolucionando como un proceso de compromiso implícitamente asociado con problemáticas más diversas y amplias, incluso aventurándose más allá de nuestras fronteras disciplinares. Por lo tanto, estas nuevas metodologías de diseño entienden y utilizan la informalidad, no como una categoría estética, sino como «praxis»: una serie de operaciones materiales, espaciales, económicas, sociales y culturales, que conducen a la construcción de un entorno mucho más democrático.

Lo informal, en ese sentido, se entiende como una serie de prácticas que aparentemente son marginales a la centralidad del establecimiento, en la medida en que parecen ser independientes a procedimientos institucionales. Parecen retener un notable grado de autonomía. Sin embargo, no podemos entender lo informal como opuesto a lo formal, o incluso en oposición; uno y el otro existen en constante negociación e intercambio, especialmente en el contexto del Sur Global.

De esa manera, tenemos que pensar en la informalidad no como una condición asociada a una clase económica o social específica, sino más bien como un ‘estado de excepción’. Según Ananya Roy (Roy, 2009), los ciudadanos de los grupos de ingresos medios y altos violan reglamentaciones institucionales -para sus propios beneficios- tanto como los grupos de bajos ingresos. Incluso, el Estado mismo en este asunto no está para nada desprovisto de informalidad, dado que a menudo subvierte sus propios reglamentos para acumular riqueza, acelerar ciertos proyectos priorizados o cambiar equilibrios de poder a su favor. La informalidad, entonces, no es sinónimo de pobreza -o incluso de una falta de regulación accidental- sino de una des-regulación diseñada. Roy, de esa manera, conceptualiza la informalidad como una estrategia de planificación característica del Sur Global, en la cual el estado suspende inadvertidamente sus propias regulaciones para afirmar su propia soberanía sobre la justicia y los recursos públicos, alineados éstos por supuesto con sus búsquedas estratégicas. Roy incluso llega a afirmar que la informalidad es una característica integral del poder estatal en el Sur Global, dado que se utiliza de manera flexible en el manejo de las prácticas de poder territorial.

La informalidad de esa manera, se enmarca como una herramienta de poder ejercida dentro del alcance del privilegio.

Ahora, intuitivamente, la pregunta que surge de esto sería; «Si ellos lo hacen, ¿por qué nosotros no?» Sin embargo, esto requiere de mayor reflexión y un desarrollo más elaborado. Para esto, Jayaraj Sundaresan (Sundaresan, 2017) podría contribuir, cuando argumenta que el entendimiento de la informalidad tiende a reiterar el tropo de algo opuesto al Estado -como categoría formal, abstracta y macro- en un supuesto antagonismo a los complejos procesos (informales) que conforman nuestras sociedades, y que están intrínsecamente entretejidos en circunstancias culturales multifacéticas. Esta dualidad formal-informal: …»pierde la oportunidad de comprender cómo, en la práctica, los procesos de planificación se integran en relaciones sociopolíticas específicas y culturas políticas de gobierno» (Sundaresan, 2017, p. 7). Sundaresan insta a una comprensión del «estado de excepción» -generado por la informalidad- como una forma de negociación constante entre el Estado y la sociedad, lo cual en realidad podría llegar a ser reutilizada como un espacio de gobernanza y planificación.

En consecuencia, la informalidad se transpone no necesariamente como un aparato de poder, sino más bien como la apertura a un espacio de encuentro de diferentes agentes, con niveles diferenciales de toma de decisiones. Un espacio de intercambio; una infraestructura de diálogo.

Nuestro desafío, en esa medida, consiste en diseñar dicha infraestructura. Reimaginar lógicas de producción espacial que, aunque puedan prescribir un nuevo conjunto de problemas tangibles y complejos, pueda abrir hacia nuevas posibilidades de modelar el entorno construido. Una tarea no solo de experimentación, sino de invención categórica significativa.

6. «O inventamos o erramos»

Simón Rodríguez, el famoso pedagogo venezolano y tutor de Simón Bolívar, resume con sus palabras el esfuerzo teleológico de este ensayo. Específicamente, en términos de la relación entre liberación y experimentación política, parece extremadamente relevante cuando afirma que: “La América Española es orijinal = orijinales han de ser las Instituciones i su Gobierno = i orijinales los medios de fundar uno y otro. O Inventamos o Erramos”.[6]

Esta idea es fundamental en la argumentación de este ensayo.

En pocas palabras, lo que argumenta Rodríguez es que reproducir sistemas institucionales -pensados y practicados en circunstancias divergentes- no es una opción, dado que esto conduce inevitablemente al error. La validez universal de sistemas organizacionales es, por supuesto, una falacia. Nuestro desafío es necesariamente, el de la invención.

Ahora, si extrapolamos esta agenda guiándonos a través del prospecto experimental que ofrece la informalidad -junto con la promesa de las infraestructuras leves- como la fuerza de la no-violencia, podríamos comenzar a destilar una serie de principios proyectuales que nos permitan especular sobre otras posibilidades disciplinares en cuanto a perspectivas de diseño e investigación.

En ese sentido, podemos -por ejemplo-, reconsiderar posibilidades de desarrollo infraestructural no concebidas dentro de las lógicas modernas de expansión ilimitada (basadas en la producción, consumo y disposición de recursos limitados), sino a partir de una lógica sistémica de modelos sostenibles, dependientes de la conjunción de actividades sinérgicas, colaborativas y a pequeña escala. Algo más cercano a lo que se ha denominado «decrecimiento»: un concepto económico relativamente reciente, que apunta precisamente a la descolonización del discurso público propio de una mentalidad modernista, el cual aboga implícitamente por el consumismo, la depredación de los recursos naturales y el mantenimiento de jerarquías financieras perniciosas. En sí mismo, el decrecimiento propone repensar la producción no como un proceso impulsado únicamente por el rendimiento económico y la satisfacción de apetitos inmediatos del consumidor, sino repensarla como un proceso más integral que responda a necesidades mucho más mesuradas. En otras palabras, regular la liberalización. La economía, entonces, se convertiría en un medio para equilibrar la justicia social, la sostenibilidad ambiental y las necesidades del consumidor (Kallis, 2017).

«Lo pequeño es hermoso» (Schumacher, 2011) en lugar de «cuanto más grande, mejor».

La agenda de la infraestructura leve, entonces, no solo asume desafíos ambientales mediante un proceso de desmaterialización estratégica y la reapropiación de sistemas de provisión de recursos, sino que también da apertura al desafío de la reorganización económica. Este es un llamado a asumir nuestros contextos -entendidos como un conjunto de prácticas diversas- dentro de sus propias condiciones y potenciales particulares, en una perspectiva de invención apropiada. Asumir tales complejas singularidades contextuales del Sur Global, implica en consecuencia la adopción de procesos responsables de diseño basados en prueba y error, a fin de inventar adecuadamente alternativas necesarias. Sin embargo, esta invención no se asimila a la mentalidad de tabula rasa: no es el golpe de genialidad basado en el momento «¡Eureka!». Más bien, es más cercana a los principios del ‘Adhoc-ismo’.

Charles Jencks y Nathan Silver escribieron «Adhocism: The Case for Improvisation” (Jencks & Silver, 2013) en 1972, produciendo un clásico de culto inmediato. Como es bien sabido, «ad-hoc» significa «para esta necesidad y propósitos específicos» y como tal, se toma como punto de partida para proponer un enfoque general y laxo para la resolución de problemas. El adhoc-ismo, por lo tanto, funciona como una amalgama de lo no esencial, lo fortuito e incluso lo redundante; vectores de multiplicidad que se permiten incorporan en ecuaciones de diseño. Un conjunto abierto, sugerente y rico de patrones, que combinan subsistemas fácilmente disponibles y que son empleados espontáneamente a través de la lógica del palimpsesto, el bricolaje o el cadáver exquisito. Del mismo modo, al apropiarse y rearticular sistemas de conocimiento previos en una etapa anterior a la síntesis armónica, el adhoc-ismo -como metodología de diseño e investigación- abre una brecha significativa para accidentes felices y adaptaciones plurales, que pueden conducir a encuentros imprevistos. De hecho, la práctica del adhoc-ismo sigue condiciones que están más cerca de la cultura del D.I.Y (siglas en inglés para hágalo usted mismo), al depender de la subjetividad y de necesidades circunstanciales, para fomentar el diseño de objetos de funcionamiento múltiple, que apunten a una articulación razonable y significativa del entorno. Un proceso que evidentemente celebra la imperfección de las cosas (por lo tanto, su capacidad evolutiva), así como el valor de la participación abierta en la búsqueda de invenciones apropiadas.

En términos proyectuales, esto puede ser bastante liberador.

Así, podríamos especular sobre la posibilidad de operaciones transitorias, basadas en la amalgama de prácticas socio-espaciales existentes y utilizadas como procesos rizomáticos al interior de sistemas urbanos. Un conjunto de asimilaciones simultáneas y progresivas que podrían transformar lenta -pero radicalmente- los desafíos existentes en el entorno construido, capitalizando significativamente su potencial latente. De esta manera, podríamos aspirar a desmantelar violencias estructurales, a fin de reapropiar y reutilizar medios infraestructurales. Reinventarlos. ‘Intervenir’ en ese caso, no denotaría una solución única y permanente para un ‘problema’ de diseño, sino más bien la adaptación de pequeños subconjuntos de operaciones, actuando de forma inmediata frente a los desafíos en cuestión. Estrategias específicas de producción espacial, capaces de ser replicadas (y de prosperar auspiciosamente) dentro de las condiciones sociales, ambientales e infraestructurales apropiadas. Mediaciones estratégicas que no solo posean la suficiente auto-conciencia para reconocer su propio alcance, limitaciones y eventual obsolescencia, sino que simultáneamente contraigan la suficiente ambición para abordar problemas sociopolíticos más amplios de una manera significativa y duradera. Maniobras infraestructurales que permiten ser transformadas, intervenidas, transportadas, desmontadas y reutilizadas, al tiempo que alientan el surgimiento de alternativas más robustas.

Es este, por lo tanto, el propósito de la presente propuesta: inventar infraestructuras leves como respuesta a los desafíos y oportunidades sociopolíticos de nuestros estados de informalidad. Arquitecturas en evolución que, aunque pueden ser fácilmente malinterpretadas como intervenciones objetuales, se establezcan en un ámbito de desarrollo para desencadenar transiciones positivas, especialmente en contextos de escasez y conflicto. Por lo tanto, no se trata evidentemente de una cuestión de singularidad, sino de una cooperatividad escalable dirigida a la incidencia estructural al interior de marcos institucionales y de los procesos de toma de decisiones territoriales. Lo que comienza con una respuesta pequeña (excepcional) puede desencadenar la transformación de un barrio, una ciudad e incluso, una disciplina.

Las infraestructuras leves deben incorporar los procesos invisibles que soportan la vida urbana en los productos del diseño, haciéndolos partícipes en las relaciones de poder cotidianas bajo disposiciones más equitativas. Protocolos abiertos para el progreso ecológico, mejores soportes pedagógicos y una posible reestructuración económica.

7. Cómo cambiar el mundo la infraestructura sin tomarse el poder

Más que un simple instructivo, esta es una investigación abierta y situada en el horizonte de nuestras posibilidades.

Un guiño a John Holloway.

En «Change the World without Taking Power: The meaning of Revolution Today» (Holloway, 2002), Holloway presenta un interesante conjunto de argumentos en referencia a las diferentes formas del poder. Según él, el contraste entre “power-over” y “power-to”, radica en una diferencia relacional fundamental. Mientras que el primero predispone a una condición de dominación y control de uno-sobre-otros, el segundo es equivalente a una capacidad de acción colectiva. “Power-to” equivale a la posibilidad de realizar cambios en el mundo a través de pequeños -pero significativos- actos de colaboración; una práctica no-violenta. Transformar, sin tomarse el poder. De hecho, se constituye como un instrumento accesible y a nivel de la ciudadanía que -empleado estratégicamente-, puede repercutir en transformaciones estructurales a gran escala, sin recurrir a los canales operativos que la lógica del “power-over” a menudo emplea; los canales de dominación y violencia. “Power-to” capitaliza capacidades individuales y prospera dentro de las sinergias que éstas producen; una categoría de potencialidad que triunfa en la efectividad de la resistencia no-violenta.

Valga decir que la agenda detrás de la invención de infraestructuras leves -situadas en el diálogo y negociación ‘informal’- está alineada con las posibilidades del “power-to”. El poder de cambiar el mundo, como transformación de «la infraestructura» en dos niveles: el político y el proyectual.

El primer nivel, consiste en transformar la definición de infraestructuras; desde su entendimiento como trasfondo ‘objetivo’ de actividades cotidianas, a la noción de procesos tecno-políticos que median y determinan deliberadamente la relación entre los cuerpos y sus entornos, perpetuando a menudo condiciones de violencia estructural. Una comprensión potenciada por prácticas de solidaridad activa, no solo como herramienta empática para relacionarse con geografías sociales en desventaja, sino para deconstruir estructuras de privilegio desproporcionado. Abrir los espacios necesarios para negociar alternativas. Esta transformación tiene como objetivo capitalizar las posibilidades del ‘estado de excepción’ que ofrece la informalidad, como un posible camino para la invención de sistemas organizacionales, fundamentalmente basados en una agenda no-violenta. La condición política de las infraestructuras, entonces, sería la de la colaboración, negociación y diálogo; una propuesta que parte de lo informal como campo de acción, hacia la transformación de los sustratos del poder.

Este telón de fondo, evidentemente alimenta la agencia proyectual de las infraestructuras leves. Específicamente, en cuanto a la alineación de una búsqueda de diseño-investigación -en disciplinas como arquitectura o el diseño urbano- hacia una reapropiación de los sistemas compartidos, espacios públicos y estructuras funcionales que conforman nuestro entorno construido. Circunstancias tecnológicas, redes críticas y sistemas extendidos: reimaginar la infraestructura como una herramienta de liberación. Una oportunidad para la experimentación responsable y solidaria que predisponga valores inventivos dispuestos para imaginar futuros de equidad, reestructuración económica, mejora ambiental y potenciación de nuestras relaciones sociales. Un paradigma de aprendizaje a través de la acción, radicalmente focalizado en problemáticas cotidianas de la ciudadanía.

En definitiva, se trata de cambiar el mundo a través de una revolución gradual en el entorno construido. Una transmutación de los significados y materialidades que componen nuestras infraestructuras.

Dentro de esa línea de pensamiento, Richard Sennett y Pablo Sendra publicaron recientemente «Designing Disorder: Experiments and Disruptions in the City» (Sennett & Sendra, 2020) en el cual examinan ‘nuevas’ formas de hacer espacio urbano -más allá de un enfoque racionalista o utilitario- a través de lo que llaman «infraestructuras para el desorden». Nociones que extienden la tesis de «The Uses of Disorder» (Sennett, 1992) que Sennett publicó por primera vez en 1970, en el cual celebra los beneficios de una metrópolis densa, diversa, desordenada y dinámica, en vista de la expansión de los «capullos seguros» típicos del l estilo de vida suburbano. Junto con Pablo Sendra, reformula esta tesis a partir de las capacidades proyectuales de las infraestructuras sociales del siglo XXI, apoyados en un conjunto de principios que desafían el urbanismo de la vigilancia, la orientación al lucro y la opresión, tan característicos de la ciudad genérica-global. Aunque esta disertación está ampliamente estructurada desde una perspectiva anglosajona y Euro-centrista, hay dos conceptos que vale la pena destacar en nuestra búsqueda: las formas incompletas y las narrativas no-lineales.

El primero, sugiere la posibilidad de entornos infraestructurales no diseñados por completo, de tal manera que las estructuras urbanas sean permeables a la intervención y a iniciativas ciudadanas para completarlas y por ende, la construcción de una «ciudad abierta». Partiendo de esto, las narrativas no-lineales surgen como la subsecuente posibilidad de ensamblajes arquitectónicos espontáneos (incluso incoherentes) que fomenten la agregación progresiva de historias y significados múltiples, los cuales de alguna manera incorporen un sentido de memoria colectiva que empodere a la ciudadanía.

Así, podemos posicionar la idea de infraestructuras leves en sí misma como una noción por completarse, que puede conducir a una construcción más plural y abierta de nuestros entornos sociales. Narrativas abiertas y libres. Las infraestructuras leves podrían establecerse como una serie de tácticas tecno-políticas de transición, capaces de alimentar estrategias medioambientales más amplias, que a su vez graviten en torno a la materialización de sistemas más equitativos. Las infraestructuras leves, tanto como una técnica de comunicación, como método para comprender y hacer un reclamo sobre recursos, pueden organizar las pautas para un futuro organizacional donde se garantice la ‘libertad’ en sus múltiples formas. Algo más cercano a la comprensión de Desarrollo de Amartya Sen (Sen, 1999): una serie de procesos donde la libertad política, las facilidades económicas, las oportunidades sociales, las garantías de transparencia gubernamental y las seguridades de protección, sean tanto los medios como los fines de los avances culturales.

Este manifiesto es, en últimas, un plan de juego para construirlos.

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[1] La agencia, según el sociólogo Anthony Giddens (Giddens, 1984), es la capacidad de un agente (individuo) para actuar independientemente de las estructuras de poder que conforman un entorno cultural. Mientras que la religión, el capitalismo o el patriarcado podrían clasificarse como estructuras que de alguna manera determinan una serie de relaciones jerárquicas en la sociedad, el escepticismo o incluso el activismo podrían entenderse como formas de ejercer agencia dentro de las mismas.

[2] Diseño-Investigación es un área de estudio relativamente reciente dentro de las disciplinas del entorno construido (Fraser, 2013), en la que se vienen desarrollando metodologías del hacer y pensar donde tanto el diseño como la investigación se utilizan de forma entrelazada, intercambiable y sin diferenciación binaria.

[3] Más allá de las sobre-simplificaciones de la teoría de las ventanas rotas, en referencia al artículo “Broken Windows” (Kelling & Wilson, 1982), cuya hipótesis consiste en que mantener un paisaje urbano en buenas condiciones afecta directamente la disminución de las tasas de vandalismo y delincuencia. Una reducción excesiva de dinámicas socio-espaciales a una ecuación ingenua, dado que los factores perjudiciales de un entorno urbano suelen ser síntomas de procesos estructurales más amplios, que se entrelazan a través de condiciones muy complejas e incluso circunstanciales. Esa imagen de descomposición (ventanas rotas) termina siendo una resultante de dinámicas profundas de deterioro.

[4] Un proyecto más amplio, que se encuentra inscrito dentro de una historia bastante rica. Precisamente, «Spatial Agency: Other Ways of Doing Architecture » (Awan, Schneider, & Till, 2011) documenta de forma exhaustiva una multiplicidad de prácticas alrededor del mundo que -vistas por medio de un fértil marco teórico- estructura una narrativa de disidencia disciplinar fundamental. Otras formas de hacer arquitectura, diseño urbano y disciplinas afines, como procesos basados en la colaboración y cooperatividad ciudadana.

[5] Henri Lefebvre en su libro «The Production of Space» (Lefebvre, 1991) desarrolla ampliamente la idea de que «el espacio (social) es un producto (social)». Por lo tanto, el espacio no es entendido como una noción abstracta o absolutamente material, sino más bien un resultante de las interacciones, intercambios y apropiaciones que componen la vida cotidiana.

[6] Esta cita está tomada literalmente de las obras completas (1: 343) de Simón Rodríguez.

Algunas nociones que los diseñadores industriales deben tener sobre ciencia de materiales

Some notions that industrial designers should know about materials science

Francisco Javier González Madariaga

Centro Universitario de Arte Arquitectura y Diseño, Universidad de Guadalajara (México)

francisco.gmadariaga@academicos.udg.mx

Jaime Francisco Gómez Gómez

Centro Universitario de Arte Arquitectura y Diseño, Universidad de Guadalajara (México)

jaime.ggomez@academicos.udg.mx

Resumen: Los diseñadores industriales mexicanos poseen diferentes competencias profesionales sin embargo se distingue una común a la mayoría, la tímida formación en conocimiento de los materiales y las técnicas para transformarlos. No obstante, en la práctica muchas de las labores relacionadas con la producción son atendidas por el diseñador, debido a que las empresas (pequeñas o medianas) por costumbre, o por razones económicas, no cuentan en su plantilla con diseñadores e ingenieros trabajando juntos. Esta situación lleva a la improvisación en la toma de decisiones técnicas durante el desarrollo de productos y a la pérdida de oportunidades de innovación para las empresas. En este escrito se propone un conjunto de temas básicos acerca de ciencia de materiales que debe conocer el diseñador industrial, y que le permitirán transitar de manera transdisciplinar entre la ingeniería y el diseño. Estas nociones se presentan en tres grupos: el “menú de materiales”, el efecto de la microestructura en las propiedades de los materiales y por último, las propiedades mecánicas y térmicas de los materiales industriales.

Palabras clave: Transdisciplina en el diseño, selección de materiales en el proceso de diseño, ciencia de materiales y diseño, propiedades de los materiales, educación técnica del diseñador industrial.

Abstract: Today’s Mexican industrial designers possess different competencies that reflect the institutional backgrounds that trained them, yet we distinguish a common trait among them: a limited training in technical and manufacturing topics. On the other hand, many of the tasks related to industrial production are handled by the product designer, because companies (small or medium) out of habit, or for economic reasons, do not have designers and engineers on their staff working together, and at best designers are assisted by engineers, usually distant from the design process. All of this leads to a loss of opportunities for product innovation and the optimization of the production facilities of the companies where the industrial designer participates. Here we introduce a set of basic concepts that seek to provide tools and strategies to, if not develop an educational model for industrial design, have a knowledge base that allows the industrial designer to understand materiality from science and engineering toward his profession, that is, building a transdisciplinary bridge. These notions are presented in three groups: knowledge of the menu of materials, the effect of the microstructure on material properties, and mechanical and thermal properties.

Keywords: Transdiscipline in design, materials selection, materials science and design, materials properties, technical education in industrial design.

* * * * *

1. Introducción

Como profesionales del diseño industrial con experiencia en la industria mexicana y en la academia, observamos que los diseñadores en el desarrollo de su profesión suelen enfrentarse a situaciones que van más allá de la generación de conceptos, se les pide también resolver la fabricación de esos productos, situación que demanda competencias y conocimientos técnicos más profundos que aquellos con los que han sido educados. Entre muchas actividades de índole técnico que el diseñador aborda destacan la selección de materiales y los procesos de transformación industrial. En el caso del diseñador, los aspectos técnicos de su educación se han enfocado por lo general a comprender de manera empírica cómo dar forma a un material, lo que le lleva a enfrentar con altos grados de incertidumbre su selección y transformación.

Los procesos de desarrollo para la producción de un objeto, que en teoría se encomiendan a ingenieros, muchas veces deben ser atendidas por el diseñador mismo, debido a que es usual que las empresas (pequeñas o medianas) por razones económicas, no cuentan con ambos profesionistas asignados al diseño y desarrollo de productos, o bien los diseñadores son asistidos por ingenieros que no se dedican al diseño de productos. Esto lleva a una superposición de funciones entre ambos profesionistas, donde los dos se ven obligados a realizar tareas para las cuales no han sido formados. De manera análoga, este tipo de situaciones también han sido documentadas respecto a ingenieros en diseño industrial llevando a cabo actividades de diseñador industrial en Melbourne, Australia (Kuys, Usma-Álvarez y Ranscombe, 2014, pp. 1359-1361).

En el caso de México, esta situación pone de manifiesto el aparente distanciamiento del perfil profesional que se busca cumplir en los centros de enseñanza y las actividades que llevan a cabo los egresados en la práctica. La brecha descrita se ha abordado en innumerables ocasiones y ha resultado en múltiples planes de estudio nuevos o con importantes modificaciones, cuyos resultados aún están por valorarse. En lo que respecta a la licenciatura en diseño industrial de la Universidad de Guadalajara, los estudios de egresados han señalado la necesidad de ampliar los contenidos técnicos, entre los cuales se incluyen los relativos a los materiales y procesos de transformación. (Gómez, 2019, p. 92; División de Tecnología y Procesos, 2020, p. 98).

Además del contexto laboral y económico, existen otras condiciones que contribuyen a reforzar la propuesta, y que corresponde a algunas tendencias tecnológicas. La primera de ellas es la creciente oferta de información respecto a las especificaciones técnicas de los materiales disponibles. Las fuentes principales son las bases de datos que están disponibles en línea, como por ejemplo MatWeb®, que es de las más conocidas y completas de acceso gratuito con funciones limitadas. Cabe mencionar que esta base de datos, permite a sus usuarios descargar las fichas técnicas de los materiales que requiera para ser utilizadas en formatos compatibles con programas de modelación digital como lo son SolidWorks® o algunos otros de Autodesk®, y con ello, mediante herramientas de análisis de elemento finito, se posibilita tener una aproximación más cercana a la realidad respecto al desempeño mecánico y algunas propiedades de los objetos o componentes que se están diseñando. De manera más modesta, a estos recursos habría que agregar las hojas técnicas que por omisión se ofrecen en los sitios web de las distribuidoras de materiales.

También se han popularizado los denominados “selectores de materiales” en línea que han sido desarrollados por empresas tanto productoras como distribuidoras o por las certificadoras como ASM International, Mitsubishi Chemical Advanced Materials, CAMPUS Plastics o Specialchem (con el patrocinio de empresas del sector del plástico) o el UL Selector, y cuya consulta requiere de contar con un conocimiento más amplio para la interpretación de la información. También hay que incorporar las materiotecas digitales, algunas de ellas derivadas de las colecciones físicas de materiales de diversas instituciones, tanto educativas como de difusión, donde dependiendo de su origen, enfatizan en mayor o menor medida los aspectos técnicos, estéticos o incluso medioambientales de los materiales (como MATREC). Resalta el caso de la materioteca Mater FAD de Barcelona, además de presentar novedades en la oferta de los materiales incorpora un sistema de filtrado que, a partir de las propiedades, funciona como un selector de primera mano. También hay que considerar que las tecnologías móviles han favorecido el fenómeno del desarrollo de las denominadas aplicaciones, o apps, que proporcionan información sintética pero relevante para una adecuada selección del material y su proceso de transformación. Si bien este tipo de plataforma tecnológica se había enfocado al entretenimiento o consumo de contenidos, la inclusión de estos temas ofrece una aproximación abreviada de las bases de datos en línea ya existentes. Finalmente, también existen los sitios de difusión sobre novedades en materiales para el diseño que, si bien son relativamente superficiales en información técnica, incentivan al diseñador a actualizarse en dichos temas, como lo es el ejemplo de Material District.

Con todo lo expuesto es evidente la necesidad de que los diseñadores amplíen y profundicen sus conocimientos sobre los aspectos relevantes de los materiales con los que trabaja. La presente propuesta busca en primera instancia orientar a los académicos con interés en la enseñanza de estos conceptos y en segunda, despertar el interés de estudiantes de diseño industrial acerca de las nociones esenciales para la comprensión e interpretación de la información técnica de materiales que ahora se encuentran a su disposición a través de los medios electrónicos y las tecnologías de información y que sirven de guía para la selección de los materiales candidatos y sus procesos de transformación para algún proyecto determinado. Gran parte de estas nociones han sido incluidas en el nuevo plan de estudios de la licenciatura en diseño industrial de la Universidad de Guadalajara, el cual fue implementado a partir del año 2018 y su impacto en el perfil profesional del diseñador industrial apenas se valorará a partir de la inserción laboral de sus primeros egresados.

2. Propuesta de nociones esenciales, un enfoque transdisciplinar

En la preparación de este documento, se valoró la factibilidad de consulta en línea y la literatura disponible acerca de los temas, así como su utilidad en proyectos de diseño. Aunado a ello, se tomó en cuenta la disponibilidad de tecnologías de manufactura con las cuales se aprovecharían estos conceptos. La propuesta se agrupa en tres grandes bloques:

 1) Conocimiento del menú de materiales; 2) El efecto de la microestructura en las propiedades del material y; 3) las propiedades mecánicas y térmicas.

2.1. Conocer el menú de materiales.

El menú de materiales representa la cantidad de materiales disponibles en un sitio para la fabricación de un producto o bien determinado, está integrado por familias o grupos y múltiples autores lo han abordado desde su perspectiva disciplinar, por lo que hay diversas maneras de presentarlo: la metalurgia, la química, la resistencia de materiales, la ingeniería de manufactura, y el diseño industrial.

El criterio de composición química es la clasificación más común donde propone cuatro grandes grupos: metales, polímeros, cerámicos, y los materiales compuestos o materiales híbridos, que son esencialmente una combinación de dos o más materiales que da como resultado un material con propiedades diferentes a las de los materiales de partida. Respecto a los polímeros y cerámicos, algunos autores han propuesto categorías adicionales en relación a estos dos grupos. Al grupo de los vidrios, que por su composición química y propiedades mecánicas y térmicas corresponden a la familia de los cerámicos, se le suele clasificar como una categoría independiente dadas su estructura molecular e inherentes propiedades ópticas. En cuanto a los materiales poliméricos, a los elastómeros se les considera en otra categoría dadas su elevada capacidad para deformarse elásticamente, así como su baja o nula reciclabilidad (Ashby, Shercliff, Cebon, 2019, p. 17).

Otro criterio de clasificación de las familias de materiales que algunos otros autores abordan es por su uso y aplicación. En esta clasificación la cantidad de familias de materiales pueden variar entre un autor y otro. Una de las clasificaciones más conocidas es la que presentan Askeland, Fulay y Bhattacharya (2014, p.10) donde el menú de materiales está dividido en ocho grupos: aeroespacial, biomédico, materiales electrónicos, tecnologías para la energía y medio ambiente, materiales magnéticos, materiales ópticos, los inteligentes y los estructurales. Esta última propuesta es cercana a la forma de trabajo de un diseñador porque le permite acceder a la información de forma dirigida y orientada a proyectos específicos, ahorrándole tiempo de búsqueda.

Sea cual fuere el criterio de clasificación, el menú que nos ocupa está determinado por la naturaleza de los enlaces atómicos. Aunque para el diseñador industrial el tema es de escaso interés, su conocimiento básico le permite comprender las características y propiedades esenciales de cada grupo de materiales dentro del menú disponible. Sin adentrarse más allá de los aspectos básicos de química, es importante que el diseñador posea nociones de la existencia de los tres enlaces atómicos principales, metálico, iónico y covalente, y los enlaces secundarios o de Van der Waals, entre todos determinarán las propiedades de los materiales.

2. 2. La estructura determina las propiedades de los materiales.

Otro criterio de clasificación de los materiales muy utilizado en la ingeniería de los materiales es el de ordenación espacial. Este criterio se basa en el tipo de estructura atómica y ordenamiento molecular de cada material y en este caso se clasifican en 3 grandes grupos: los materiales cristalinos, que poseen una estructura regular, siendo los metales y algunos materiales cerámicos los más reconocibles de este grupo; los amorfos, cuya estructura es irregular y aleatoria, siendo los vidrios el ejemplo más común o algunos plásticos, como el acrílico; y los semicristalinos, que tienen estructuras de ambas clases, donde se encuentran algunos tipos de plásticos, por ejemplo, el polietileno, por mencionar alguno.

Cabe señalar que, en el caso de los metales y los cerámicos, las estructuras cristalinas se generan desde el arreglo atómico, lo que se traduce en microestructuras integradas por granos y fronteras de grano, los cuales son visibles con microscopios de diversas clases, desde los electrónicos de barrido a los ópticos. Por su parte, la regularidad estructural en los polímeros se manifiesta por la formación de esferulitas que se forman por el pliegue de las cadenas poliméricas.

Esta noción de la estructura permite al diseñador identificar en primera instancia las características esenciales de los materiales. Esto se hace aún más evidente en el caso de los plásticos, donde incluso algunos proveedores ya disponen de herramientas de selección en línea, siguiendo este criterio. El esquema se presenta gráficamente en forma de pirámide de tres niveles (ver Figura 1.), en ocasiones cuatro de acuerdo algunos autores (Harper, 2000, p. 813) o productores (Mitsubishi Advanced Chemical o Quadrant, por nombrar alguno) dividida a la mitad por el eje vertical, con el objeto de separar los plásticos amorfos de los semicristalinos.

Es importante aclarar que esta clasificación también aplica a los filamentos o polvos de plástico utilizados para la impresión en 3d o manufactura aditiva. Esta separación es relevante porque de esta manera se identifican con facilidad, independientemente de la familia química al que pertenecen y a su vez proporcionan características relevantes de cada grupo. En la tabla 1 se presentan algunas de ellas.

AmorfosSemicristalinos
Menor resistencia al calorMayor resistencia al calor
Rango de temperaturas de reblandecimientoTemperatura de fundido puntual
Más translúcido/transparenteMás opaco
Menor contracción durante el enfriamientoMayor contracción durante el enfriamiento
Mayor tenacidad a bajas temperaturasMenor tenacidad a bajas temperaturas
Menor estabilidad dimensionalMayor estabilidad dimensional
Pobre resistencia a la fatiga y al desgasteBuena resistencia a la fatiga y al desgaste
Mayor fluencia (creep)Menor fluencia (creep)

Tabla 1. Comparativa de propiedades entre polímeros amorfos y semicristalinos (fuente: Sánchez y Campos, p. 345)

Se puede apreciar, a pesar de los diversos grupos o familias químicas existentes, la tabla puede funcionar como una guía primaria de selección de plásticos para aplicaciones determinadas. Por ejemplo, si se va a requerir un material con excelente transparencia, tendrá más alternativas para seleccionar de entre los materiales amorfos, pero si se requiere de un material plástico para ser sometido a esfuerzos dinámicos o con miras a resistir a la fatiga, entonces sabrá que sus candidatos a seleccionar se encuentran entre los plásticos semicristalinos. Otra característica diferenciadora entre estos dos grupos es que los materiales amorfos son más susceptibles de unirse mediante adhesivo que los materiales semicristalinos, que para ello requerirán de un tratamiento superficial adicional, o en su defecto uniones de tipo mecánico.

3. Las propiedades mecánicas y térmicas.

Posiblemente este sea el grupo más extenso en cuanto a nociones porque abarca parámetros de diseño mecánico y concluye con la exploración de los conceptos de las transiciones térmicas presentes en los materiales y que son determinantes no solo durante el proceso de selección sino también en el de transformación.

El primer grupo de propiedades mecánicas es la referencia principal en prácticamente todas las bases de datos. Se trata de “las cuatro grandes” de acuerdo con Shackelford[1]. Es muy importante que el diseñador industrial pueda comprender conceptos como módulo de elasticidad (que es la medida de la rigidez de un material), límite elástico (también llamado esfuerzo de cedencia o de fluencia y que describe el límite de la deformación elástica o temporal hacia la deformación plástica, que es permanente), la resistencia o esfuerzo máximo (que es el punto en el que el material presenta su mayor esfuerzo a la deformación plástica antes de experimentar reducción en su sección transversal) y esfuerzo de rotura. Estas propiedades o parámetros mecánicos se obtienen mediante un ensayo de tracción (aunque podría ser a flexión o compresión) y se pueden plasmar en un diagrama esfuerzo-deformación el cual, en cierto sentido, equivaldría a la “huella dactilar” del comportamiento mecánico de cada material (ver Figura 2).

Adicionalmente, otras nociones derivadas de este diagrama y que pueden ser importantes para el diseñador son la resiliencia y la tenacidad (según Shackelford, el quinto parámetro mecánico) y que con frecuencia son referidas en la literatura de materiales, así como en las bases de datos. Ambos conceptos tienen que ver con la capacidad del material de absorber energía durante el proceso de deformación. Sin embargo, la resiliencia tiene que ver con esa absorción de energía hasta llegar al límite elástico, razón por la cual el material es capaz de recuperarse. Por su parte, la tenacidad es la capacidad que tiene un material para absorber la energía antes de romperse. En la figura 2, se observará que el metal dúctil es el material más tenaz de esa comparativa, ya que se requirió de mayores esfuerzos para provocar en él una deformación permanente, mientras que el cerámico es el menos tenaz ya que fracturó en régimen de deformación elástica, incluso por debajo del límite elástico del metal.

Asociados a estos conceptos es necesario comprender lo que son la ductilidad y la fragilidad. La ductilidad se refiere a la capacidad de un material para deformarse plásticamente antes de romperse, lo que para un diseñador se traduce en la facilidad con la que se puede moldear o modelar a una geometría determinada con dicho material. La fragilidad, por su parte está asociada a la manera en que un material rompe sin experimentar deformación plástica, es decir, deformarse dentro del régimen de deformación elástica.

Por otro lado, se ha observado que con cierta frecuencia se tiende a confundir a la dureza con la rigidez del material, y si bien existe una relación entre ambas, se miden de distinta manera y expresan cosas diferentes de un mismo material. La rigidez se puede medir con un ensayo a tracción (el ensayo más común, aunque puede medirse la respuesta mecánica a flexión, cizallamiento o compresión), la dureza se obtiene por medio de un ensayo no destructivo consistente en la aplicación de un esfuerzo localizado en un punto mediante un indentador y ésta se relaciona con la resistencia al desgaste.

Otra noción relacionada con estos parámetros mecánicos es la tenacidad de fractura. Este concepto proviene de otra rama de las ciencias de los materiales denominada mecánica de fractura, pero esta noción permite al diseñador comprender que los defectos en los materiales, ya sean internos o superficiales, influyen de manera significativa en el desempeño de un componente ya que pueden propiciar el fallo. En esta noción, cada defecto funciona como un concentrador de tensiones y el fallo puede ocurrir a partir de la combinación de esfuerzos y tamaño crítico de la grieta que se forma. Un ejemplo de esto es un globo con un pequeño agujero que al inflarse la presión interna alcanza un valor crítico para posteriormente estallar (Shackelford, 2005, p. 266). Otros concentradores de tensiones que los diseñadores pueden evitar son las esquinas, como se muestra en la figura 3, en la imagen de la izquierda, se observa detalle de cómo un mandala de acrílico cortado con láser rompió por las esquinas, las cuales los diseñadores no habían considerado redondear.

Otra noción que puede ser de gran utilidad para el diseñador es el límite de fatiga. Esta noción puede, como se puede inferir de su denominación, describir cómo el material se ha ido “cansando” (por decirlo de manera sencilla) a raíz de haber sido sometido a esfuerzo cíclicos y constantes. Este “cansancio” es una función del número de ciclos al que ha sido sometido el componente, donde el fallo es de tipo frágil o catastrófico y ocurre con tensiones por debajo del esfuerzo máximo, e incluso por debajo del límite elástico. Un ejemplo de esto es lo que ocurre con relativa frecuencia a los componentes de bicicletas o motocicletas, sobre todo en las tijeras o los soportes traseros de las llantas (ver figura 4).

También este fenómeno se aprecia fácilmente al doblar un clip y regresarlo a su estado original repetidas veces, éste romperá con un nivel de esfuerzo menor al de inicio del ciclo de deformaciones al que fue sometido. El fallo suele ser impredecible en materiales dúctiles, como el aluminio o el cobre, debido a que la respuesta mecánica es muy homogénea a lo largo de la vida útil del componente, por lo que en componentes que serán sometidos a este tipo de esfuerzo, la recomendación será utilizar materiales más tenaces, como el acero y sus aleaciones.

Respecto a las transiciones térmicas, es de utilidad conocer algunos conceptos. El primero de ellos es lo que se denomina como temperatura máxima de servicio (Tmax), que es aquella en la cual el material puede ser utilizado sin experimentar cambios en su composición química u oxidación. Su relevancia para el diseño radica en que permite seleccionar los materiales en función de los límites del entorno en que se van a utilizar.

La temperatura influye de manera importante no solo ascendiendo, también el descenso propicia problemas. Es posible que el diseñador en países como el nuestro no visualice alguno de sus productos en climas de frío extremo pero este concepto le permitirá comprender que, en función de la composición química del material, el tipo de esfuerzo al que será sometido y la temperatura, los materiales en general tenderán a perder ductilidad y en caso de romper, lo harán con fragilidad y el fallo de este tipo se denomina fallo catastrófico, por ser repentino.

Existen otras dos transiciones térmicas que son importantes para el procesamiento y funcionamiento de los materiales: el punto o temperatura de fusión (en inglés melt temperature, Tm) y la temperatura de transición vítrea (en inglés glass transition, Tg). La primera de ellas es una transición relativamente entendible dado que es más reconocible con eventos de la vida cotidiana como, por ejemplo, cómo se derrite un bloque de hielo, pasando de estado sólido a líquido a partir de una temperatura puntual. Esto es observable en los metales y en el proceso de fundición. Pero en el caso de los vidrios o algunos polímeros, estos materiales no pasan de estado sólido a líquido de manera inmediata, sino que primero reblandecen en un rango de temperaturas para, como en el caso de los polímeros, pasar de un estado sólido a gomoso y posteriormente a líquido viscoso, que es cuando el material se puede conformar en una pieza a componente. A esta transición de estado sólido a gomoso o líquido viscoso se le denomina temperatura de transición vítrea. Esta transición térmica, es la que se debe considerar para la toma de decisiones en cuanto a la selección de un material para condiciones críticas de servicio. Una descripción útil para el diseñador acerca de este tema la ofrecen González et.al. (2009 pp. 34 – 37).

Un ejemplo de un producto con materiales en los que se presentan estas dos transiciones térmicas es el bolígrafo Bic®. A temperatura ambiente el cuerpo del bolígrafo, fabricado con poliestireno, es rígido, mientras que la tapa, fabricada con polipropileno, es gomosa. Esto quiere decir que la temperatura de transición vítrea del poliestireno se encuentra por encima de la temperatura ambiente, mientras que el de la tapa se localiza por debajo de esa temperatura, razón por la cual el clip de la tapa se puede deformar con mayor facilidad que el cuerpo del bolígrafo. Para el procesamiento de la tapa, además de la temperatura de transición vítrea, se requiere de sobrepasar su temperatura o punto de fusión, para de esta manera, moldearlo fácilmente, ya que se encontrará en estado líquido poco viscoso.

Una noción asociada a la temperatura de transición vítrea, en los polímeros (y en los metales a temperaturas de un tercio de su punto de fusión) poco reconocible por el diseñador industrial pero que es importante que la conozca es el creep o fluencia lenta. Se trata de una deformación en la que intervienen tres factores fundamentales: una carga constante, la temperatura y el tiempo de exposición. En el caso de los productos de plástico, este fenómeno se presentará en cuanto la temperatura ambiente sobrepase la temperatura de transición vítrea (Pfeifer, 2009, p. 1773) y el esfuerzo por lo general se encuentra por debajo del límite elástico (ver figura 5).

Ocurre en tres etapas, iniciando con una etapa deformación elástica o recuperable, seguida de una etapa de deformación constante, para finalmente entrar a la tercera etapa de deformación plástica severa y finalmente fallar (McKeen, 2015, p. 5). Si no se reemplaza el componente una vez que se presente la deformación en las primeras dos etapas, este fallará. Este fenómeno se observa en componentes como álabes de turbina o hélices de ventiladores, en refuerzos de carcasas o contenedores de plástico, engranes o en algunos snap-fits.

También este fenómeno se presenta en las cuerdas de los instrumentos musicales, que conforme van cediendo a la deformación, desafina al instrumento. Con el objeto de contrarrestar este fenómeno, se han desarrollado materiales reforzados con distintos tipos de cargas, siendo la fibra de vidrio una de las más comunes.

Por motivos de espacio, en esta propuesta no hemos incluido en las nociones conceptos como difusión en los metales, la cristalografía y sus defectos, los diagramas de fase, o lo relacionado con electromagnetismo y semiconductores que, a pesar de proporcionar información técnica relevante, son de escasa aplicación en el proceso de diseño.

4. Conclusiones

Se ha presentado una propuesta de enseñanza de nociones esenciales de ciencias de materiales para los diseñadores industriales y se ha argumentado la utilidad para su aplicación en el proceso de diseño. En síntesis, estos conceptos son relevantes porque, además de orientar al diseñador para hacer una selección razonada de materiales y los procesos de manufactura industriales, también le dan la conciencia de que las propiedades de los materiales dependen de la microestructura del material, que las propiedades son dependientes del proceso utilizado,  pueden cambiar con el tiempo y las condiciones de operación y sobre todo, que dichas propiedades son medibles y que dicha medición es comprensible por el estudiante.

Asimismo, la abundante oferta informativa existente tanto en línea como en otros formatos digitales, así como en la literatura, faculta al diseñador industrial para apropiarse de estos conocimientos y terminología y con ello hacer una correcta selección de materiales y procesos durante el proceso de diseño.

Bibliografía

Ashby, M., Shercliff, H., y Cebon, D. (2019) Materials Engineering, Science, Processing and Design, Cambridge: Butterworth-Heinemann.

Askeland, D., Fulay, P.P., Bhattacharya, D. K. (2010) Essentials of Materials Science and Engineering, Canadá: CENGAGE.

División de Tecnología y Procesos (2020) Seguimiento de egresados de diseño industrial ingreso 2011, encuesta en línea. Guadalajara: Universidad de Guadalajara, .

Gómez Gómez, J.F. (2019) El diseño industrial en Guadalajara: una retrospectiva desde 1970 hacia el inicio del siglo XXI. Guadalajara: Ed. Universidad de Guadalajara.

González Madariaga et al (2009). Plásticos en el diseño y desarrollo de productos. Guadalajara México. Editorial Universidad Universitaria. pp 34 – 37. 

Harper, Ch. (2000). Modern Plastics Handbook, Nueva York: McGrawHill.

Kuys, Blair & Usma, Clara & Ranscombe, Charles. (2014). Are you a designer or an engineer? We are both. An insight into Product Design Engineering through graduate reflection. DRS – Design Research Society’s 2014 conference Design’s Big Debates Pushing the boundaries of design research, Umea, Suecia. pp. 1353-1368.

McKeen, L. W. (2015) The Effect of Creep and Other Time Related Factors on Plastics and Elastomers, Oxford: Elsevier.

Pfeifer, M. (2009) Materials Enabled Designs, The Materials Engineering Perspective to Product Design and Manufacturing, Burlington: Elsevier.

Sánchez Vergara, M. E. y Campos Silva, I. E. (2010) Tecnología de Materiales, México: Ed. Trillas.

Shackelford, J. F. (2005) Introducción a la ciencia de los materiales para ingenieros, Madrid: Pearson.


[1] El profesor James F. Shackelford, de la Universidad California Davis, ha impartido el curso Ten Things Every Engineer Should Know about Materials Science y en dicho curso aborda estas y otras nociones.